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Hace tiempo leía un libro sobre El Tibet y a mitad del libro, el narrador contaba sobre una aventura con un Lung-Gom-Pa, me llamo mucho la atención la referencia que daba sobre este personaje el cual es uno de los monjes budistas ultracorredores con una capacidad sobre humana para recorrer grandes distancias mientras esta en un estado de “trance”. Por lo que me puse a investigar y encontré una referencia más real en un libro de una exploradora francesa.

Esta exploradora francesa de nombre Eugenie Alexandrine Marie David(1868-1969) a principios del siglo XX fue la primera occidental en entrar a la ciudad budista de Lhasa cuando era un lugar prohibido para los extranjeros, además fue la primera occidental en ser recibida por el Dalai Lama en su exilio en la India(1912).

A su regreso a Francia del Tibet(1911-1925), Alexandra David-Neel escribió sus vivencias en el libro “Magia y Misterio del Tibet” donde narró su estancia de 14 años en el Tibet(en un inicio habría planeado que pasaría solo 19 meses) narrando en su libro el encuentro con un Lung-Gom-Pa.

Los Budistas Ultracorredores


Un Lung-Gom-Pa es un lama tibetano que después de varios años de meditación, reclusión y entrenamiento pueden llegar a correr hasta por 48 horas sin parar, alcanzando recorrer hasta 320km por día, su objetivo de lograr este nivel de súper humano no es con un fin material o mundano como el ganar carreras, si no con un fin espiritual y de iluminación.

Lung (pronunciado rlun) significa aire y energía vital. Gom significa meditación o enfocado en la concentración Un Lung-Gom-Pa por lo tanto es alguien que ha alcanzado el conocimiento para aprovechar su energía espiritual a través de la meditación y la respiración consciente, trascendiendo así los límites físicos del cuerpo.

En su libro “The Way of the White Clouds” el alemán convertido al budismo Lama Anagarika Govinda describe el proceso de entrenamiento de un Lung-Gom-Pa el cuál solo se hacía en dos monasterios del Tibet: Nyang-to Kyi-phug (cerca de Shigatse) y Samding.

Anagarika Govinda describe en su libro que quien desea ser un Lung-Gom-Pa al llegar al monasterio tiene que dejar toda su vida interior, olvidándose de todo, incluso de su nombre, estar en el anonimato es un requisito para hacer el entrenamiento, si el iniciado es aprobado para hacer el entrenamiento, el es llevado a una cueva del monasterio donde tiene que realizar una meditación de tres a nueve años, durante su encierro el iniciante no tiene permitido el contacto humano, comida y agua le es pasado a través de un hoyo en la pared. Durante este tiempo de reclusión, el iniciante pasa sus días meditando, recitando mantras y respirando profundamente. Para ejercitarse físicamente, camina sobre la cueva donde es recluido y practica el arte de la levitación, que consiste en cruzar las piernas, respirar profundamente y saltar en el aire sin usar las manos, conforme pasan los años puede sintetizar profundamente su respiración y movimiento.

Después de los años de entrenamiento en meditación, respiración y levitación, los monjes son liberados que en palabras de Govinda, los monjes son veloces como un caballo y su misión ahora es servir como “MaheKetang”.

De acuerdo a antiguas leyendas tibetanas, estos monjes eran enviados hasta los rincones más alejados del Tibet, para recoger a los espíritus que estuvieran “penando” en la tierra, También cada mes de Noviembre, un Maheketang es enviado a recorrer la parte central del Tibet durante seis semanas para invitar a los demonios a regresar con el a los monasterios, donde estos demonios son sometidos con un ritual religioso.

Aquí compartimos parte de la narración que hace Alexandra David-Neel en su libro “Magic and Mistery in Tibet” al encontrarse con un Lung-Gom-Pa:

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“Mi primer encuentro con un lung-gom-pa tuvo lugar en el desierto de pastos al norte del Tíbet.
Hacia el final de la tarde cabalgábamos sin prisas por una ancha llanura cuando observé, muy lejos, un poco a nuestra izquierda, una minúscula mancha negra que, con la ayuda de mis binoculares, pude ver que era un hombre. Me sorprendió mucho. Los encuentros no son frecuentes en aquella región y llevábamos diez días sin ver a un ser humano. Además, gentes de a pie y solos no suelen aventurarse en aquellas inmensas soledades. ¿Quién podía ser el viajero?
[…]
Mientras continuaba observándole con mis binoculares, noté que su paso era singular y que avanzaba con una rapidez extraordinaria. Aunque a simple vista mis gentes sólo podían ver un punto negro que se movía entre las hierbas, no pasó mucho tiempo sin que se diesen cuenta de la velocidad sorprendente que llevaba. Les pasé los prismáticos y uno de ellos, después de haber mirado unos minutos, exclamó: “Lama lung-gom-pa tchig da” (“Diríase que es un lama lung-gom-pa”).

Las palabras lung-gom-pa despertaron inmediatamente mi interés. Aún no había llegado a ver un experto lung-gom-pa cumpliendo las prodigiosas hazañas de que tanto se hablaba en el Tíbet. ¿Iba a perder aquella ocasión?
El hombre continuaba acercándose y la rapidez de su marcha era cada más evidente. ¿Qué debía hacer si era un verdadero lung-gom-pa? Deseaba observarle de cerca, hablar con él, hacerle preguntas y también fotografiarle… Deseaba muchas cosas.

Pero desde las primeras palabras que pronuncié, el criado que había reconocido el paso del lung-gom-pa exclamó:
“Reverenda señora, no va a parar al lama, ni a hablarle, ¿verdad? Se moriría, de seguro. Estos lamas, cuando viajan, no deben interrumpir su meditación. El dios que está en ellos se escapa si dejan de repetir las fórmulas mágicas, y si los abandona antes de tiempo, les da tan violenta sacudida que los mata.”
[…]
Había llegado a poca distancia de nosotros. Podía distinguir claramente su faz impasible y sus ojos muy abiertos, que parecían contemplar fijamente un punto situado en alguna parte, allá arriba, en el espacio vacío. Diríase que se desprendía de la tierra a cada paso que daba y que avanzaba botando, como si hubiera tenido la elasticidad de una pelota. Vestía el hábito y la toga monástica usuales, ambos muy gastados. Su mano izquierda sujetaba un pliegue de la toga y permanecía oculta por la tela. Su mano derecha empuñaba un purba (puñal ritual). Al caminar, movía ligeramente el brazo derecho, al ritmo de su paso, como si el purba, cuya punta se hallaba muy alejada del suelo, estuviese verdaderamente en contacto con él y le sirviese de bastón.”

Durante el régimen comunista de Mao Zedong, miles de tropas chinas fueron enviadas al Tibet tomando la ciudad de Chamdo el 19 de octubre de 1950, controlando todos los intentos de defensa de los tibetanos, siendo esta invasión dada principalmente por el interés del litio, el uranio y otro particularmente importante: el agua“, esto ya que El Tíbet es además la meseta más alta y más extensa del mundo y la fuente de la mayoría de los principales ríos de Asia, por lo que sería crucial para China en caso de escasez de agua.

Durante esta invasión destruyendo diversos monasterios budistas, incluso donde se entrenaban los Lung-Gom-Pa, teniendo los chinos la orden de dispararle a cualquier monje tibetano que vieran corriendo. Aunque se dice, que este entrenamiento de los Lung-Gom-Pa se sigue llevando a cabo entre las altas montañas de El Tibet de forma secreta.

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