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A las 06:00 a.m. el solemne silencio de la selva era abruptamente irrumpido por el canto repentino de un pájaro que rompía con singular algarabía dando la bienvenida al despertar de la vida en aquella parte de la montaña. Aquel canto del pájaro era como el disparo de una pistola previo a la salida de unos impacientes atletas por dejar toda la fuerza y energía de sus músculos en la pista de carreras, la vida en la selva despertaba para no silenciar ni un segundo durante todo el día mientras los rayos del sol iluminaran la montaña.
Con ese canto también abría los ojos, para despojarme de la bolsa de dormir, abrir la casa de campaña y asomar la cabeza y respirar las partículas frescas que deambulaban en el ambiente madrugador de la montaña. Como pude me calcé las botas, cubriéndome con un rompevientos y un gorro, para salir a recorrer el sendero y revisar aquella zona de la montaña que la noche anterior me había puesto en jaque. La luz ya clareaba el paisaje, medio adormilado avanzaba entre las rocas y las hojas secas que alfombraban el angosto sendero de la montaña.
Al avanzar unos metros por el sendero, el estruendo del caudal del río no pasaba desapercibido, que al levantar la mirada, mis ojos quedaron impávidos ante la belleza que me rodeaba, los dos ríos al unirse formaban lo que parecía un triskel, con pozas de color verde esmeralda, cascadas como largas cabelleras blancas y el verde de la montaña daban a aquel lugar un colorido paisaje que podía jurar era el mismo paraíso, ahí me sentaba con toda calma sobre una roca entre los dos ríos, viendo en 360 grados un espectáculo que hasta que muera mi última neurona podré olvidar, en ese momento imaginé que quizá en un lugar similar Secret Garden se inspiró para componer la melodía Nocturne. Pocas veces sientes tanta alegría y satisfacción por existir y respirar, y este era uno de esos pocos momentos, si hubiera un lugar para meditar, este sería uno de los mejores. La noche anterior pensaba que había sido mala suerte haber acampado ahí y no haber llegado al centro ecoturístico de “Puente de Dios” para cenar un café y unas enfrijoladas con queso, pero las cosas siempre acontecen por un motivo, a veces si se vive con paciencia esta nos recompensará permitiéndonos descubrir al amanecer la magia que ofusca la obscuridad. Después de un rato contemplando la belleza de ese rincón escondido de nuestro planeta regresé al lugar del campamento, para despertar a los compañeros, para que levantaran sus casas de campaña y continuar el camino, había revisado la ruta y aquel río que por la noche lucía amenazador, con luz podía encontrar un lugar más ancho por donde pasar y afable pudiendo fácilmente evitar el tramo angosto donde el río tomaba fuerza e impedía a primera vista poder pasar.
Después de levantar las casas de campaña y tomar algunas fotos con los compañeros de aventura en aquel hermoso Shangri-La, cargamos las mochilas al hombro para comenzar los primeros pasos de aquel tercer día de aventura. Aquel río que por la noche parecía un terrible lugar para pasar, por la mañana era un hermoso paraje por donde nuestros pies se bañaban con el agua que descendía por su caudal. Si algo podía definir la palabra Shangri-La, este lugar era la concepción perfecta.

Al intentar capturar una foto de aquella estampa de la naturaleza, me orillé del camino, para captar el paso de los caminantes a través del río, en ese momento al pararme junto a un gran árbol, sentí un ligero picor en la mano derecha donde llevaba la cámara, no le tomé importancia por la emoción de capturar las fotos. Minutos después de cruzar el río, comencé a sentir una fuerte comezón en la mano, viendo rápidamente como se me enronchaba, al parecer mi mano había rozado con una planta tóxica, en este caso con la hiedra venenosa, rápidamente froté mi mano con mi cabello para disminuir la comezón, aunque me alivió en ese momento, a la semana siguiente después de culminar la aventura me brotaron unas ámpulas, donde el urushiol, que es el aceite tóxico de la hiedra venenosa, hizo que tales ámpulas tardaran casi un mes en desaparecer de mi piel.
El camino al pasar el río estaba muy marcado, íbamos bordeando por la parte alta del río Escanela, la vegetación cambiaba drásticamente de encinos a bosque de selva alta, aquel andar transcurrió sin mayor exaltación salvo por el hermoso paisaje a través del río por las pozas verde esmeralda que se formaban en cada paso.
Cuando menos nos dimos cuenta, estábamos ya encima del famoso “Puente de Dios”, una formación rocosa natural que asemeja a un puente de roca por donde atraviesa el río, mostrando un pequeño túnel entre la roca bastante espectacular, pues desde ahí comienza la parte turística.
Ya varias personas que acudían al lugar de forma turística se encontraban en la zona, los gritos del gentío se escuchaban ya desde la parte alta del puente. Ahí nos quedamos a disfrutar un rato de tan bello ambiente natural, diversas cascadas y ojos de agua brotaban entre las rocas, mostrando un paisaje surrealista ante nuestros ojos. Diversas cascadas desprendían de las paredes de aquella cañada convertida ya en cañón.
El sendero turístico es muy atractivo, ya que se avanza a través de puentes de madera y roca, pasando por el famoso cañón de la angostura, donde por lo angosto del cañón, el nivel del agua aumenta, por lo que es apto para aventarse un clavado desde la parte alta del puente artificial construido para el paso de los turistas.
Aquel increíble lugar era hermoso, aunque el gentío disminuía la magia que pudiera tener un lugar de naturaleza pura como el que kilómetros más atrás habíamos encontrado.
Varios compañeros caminantes se quedaron un rato más disfrutando los diversos paisajes de aquel majestuoso lugar de Puente de Dios, aunque apenas son como 2km desde “Puente de Dios” hasta la caseta de registro, ahí una hora más tuvimos que esperar a los compañeros, ya nos moríamos de hambre, pero para no perderle el rastro a los compañeros, decidimos esperarlos antes de comenzar nuestro camino hacia el centro ecoturístico donde buscaríamos un lugar para comer.
Después de estar todos reunidos en la caseta de registro, buscamos un buen lugar para comer, varios puestos de quesadillas habían a la orilla del camino, pero más de uno quería algo sustancioso, como una sopa caliente, unos huevos al gusto, unas enchiladas o lo que fuera para saciar nuestra hambre voraz y salvaje.
La elección fue comer en el restaurante de un hotel, la carta mostraba diversos platillos que animaba a pedir más de uno para satisfacer el hambre de montañero que acarreábamos desde el día anterior. Unas enchiladas potosinas acompañada de una sopa azteca previa fue mi elección junto con un café y pan. Otros más pidieron pescado, bisteces y algunos más quesadillas.
Era visible nuestra facha de vagabundos de la montaña, que la persona encargada del restaurante no dudó en preguntarnos de donde veníamos, pues el turismo común de aquel lugar es más de llegar en automóvil y andar pocos despeinados, con vestimenta ligera y cómoda para caminar un par de kilómetros para disfrutar del hermoso paisaje de “Puente de Dios”. Después de contarle nuestra larga travesía a aquel buen hombre, quedó sorprendido, pues no muchas veces ha sabido de alguna travesía realizada de la forma en la que estábamos haciéndola. Al enterarse de cuál sería el camino de nuestra ruta, pues nuestro plan desde “Puente de Dios” sería subir por la carretera de terracería, para luego seguir la carretera federal y llegar al Chuveje, para de ahí continuar por Tonatico hasta llegar a Jalpan de Serra. Ahí esta persona nos hizo una recomendación como alternativa a nuestra ruta, nos sugirió que atravesáramos un puente colgante que estaba más abajo del río, para luego seguir un tramo de terracería que conduce a la ranchería del Platanar, de ahí encontrar un camino que bajara al río Escanela y continuar nuestra travesía bordeando todo el río hasta llegar a la carretera de Pinal de Amoles-Jalpan-Xilitla. Nos dibujó un mapa sobre una servilleta para darnos una guía de los senderos y brechas a agarrar, antes de bajar al río.
Otra vez decidimos cambiar nuestro plan de ruta y seguir la sugerencia indicada por el encargado del restaurante, en cierta forma subir por aquella carretera de terracería que son como 5km para llegar a la parte alta antes de comenzar a bajar hacia el Chuveje” no me convencía mucho, ya que al ser una ruta turística, el polvo levantado en la terracería por los autos nos “empanizaría” por completo, sumando que tendríamos que subir como 600 metros de ascenso para luego volver a bajar para llegar al Chuveje y de ahí hasta Jalpan de Serra por una ruta muy transitada por turistas.
Después de satisfacer el hambre montañero, comenzábamos a preparar la mochila para continuar nuestro viaje, aunque la lenta digestión, el calor y el cansancio nos hacían padecer el mal del jabalí, pero no había opción y había que continuar nuestro viaje. Era ya más de medio día, estábamos a 1220 msnm, no teníamos más referencia de la ruta mas que una servilleta. 12:35 p.m. comenzábamos nuestro andar desde el centro ecoturístico de “Puente de Dios”, seguimos las instrucciones como lo indicaba el mapa improvisado, cruzando el puente colgante, subimos por un sendero muy angosto que llegaba a un tramo de terracería y antes de llegar a la ranchería El Platanar, comenzamos a bajar por otro sendero cosechero donde hay sembradíos con diversas plantaciones como milpa, caña y platanares, bajando hasta encontrar nuevamente el río Escanela.
Llegando al río Escanela, sería seguir todo el sendero que bordeara aquel río, el algunos tramos tuvimos que cruzar el río para pasar al otro lado donde el sendero continuaba. Mi temor era que pudiéramos encontrarnos con alguna víbora entre los troncos y hojarascas que habían a la orilla de aquel río, afortunadamente no fue así. El río tenía en promedio unos seis metros de ancho lo que hacía que el caudal se dispersara y el agua apenas podía llegarnos a la rodilla.
El avance sobre aquel río fue muy disfrutable, ya muy atrás se había quedado el turismo y volvíamos a estar solos con la naturaleza, no teníamos idea de cuantos kilómetros sería ir sobre el río antes de llegar al siguiente pueblo, calculaba unos 6km aproximadamente. Hojas secas, hierbas, árboles, rocas, flores, pájaros, arañas, insectos y un sin fin de elementos de la naturaleza nos rodeaban a nuestro paso por aquel río Escanela, me es difícil detallar todos aquellos elementos de la naturaleza por mi inexperiencia y desconocimiento en tema botánico y biológico. Después de casi hora y media llegábamos a la carretera federal a Xilitla, justamente al poblado llamado Escanelilla.
Ahí fue parada para hidratarnos, pero sobre todo para actualizar nuestros mapas digitales en el software GPS, pues estábamos lejos de nuestra ruta original y no teníamos en ese momento la menor idea de que camino tomar para seguir nuestra aventura. Aunque no contaba con señal de internet en el celular, afortunadamente después de caminar unos metros por una de las calles del poblado, pudimos hallar un cybercafé donde por 10 pesos nos rentaban una hora de Wi-Fi. La conexión era deficiente pero después de casi una hora peleando con la señal, bastó para actualizar nuestros mapas y curvas de nivel para decidir que ruta tomar. Intentamos preguntar a las personas del lugar que encontrábamos a nuestro paso sobre un sendero, camino o ruta que pudiera llevarnos a Jalpan de Serra, varios nos dijeron que estábamos aún muy lejos, recomendándonos seguir la carretera federal asfaltada para llegar hasta allá, pero ese no era nuestro plan, más bien era encontrar algún sendero o ruta de montaña para continuar con nuestra travesía de montaña, por lo que poco pudieron ayudarnos al respecto.
A varios compañeros los veía ya agotados y con ganas de culminar la aventura. Hasta ahí llevábamos ya casi 70km recorridos en dos días y medio de aventura por la Sierra Gorda, a mi entender habíamos ya hecho lo más rudo y difícil del recorrido y era buen punto para culminar la aventura, pues ahí cada media hora pasan autobuses a Querétaro, San Juan del Río o a la CDMX. Puse a votación el terminar hasta ahí la aventura o continuar la travesía con el objetivo de llegar hasta Jalpan de Serra. Al revisar los mapas actualizados, la ruta a seguir sería ascender desde los 1100msnm hasta los 1600 msnm por un camino de terracería que estaba metros más arriba para llegar al pueblo de Quirimbal en la huasteca queretana, para de ahí bajar al pueblo de Rincón de Pitzquintla y seguir hasta Jalpan de Serra, calculaba unos 25km a 30km más o menos todavía por recorrer, a buen paso calculaba estar entre las 10 y las 11p.m. en Jalpan de Serra.
Era ya lunes, el tercer día de la aventura, aquel fin de semana había sido el puente largo por la revolución mexicana, al día siguiente era día laboral, por lo que Pablo y Saluz nos comentaron que ellos hasta ahí llegarían. Saluz tenía que viajar hasta la ciudad de Puebla para laborar a temprana hora al día siguiente, ahí abordaría un transporte que la llevara de regreso a la CDMX y de ahí a Puebla. Pablo también por su trabajo, regresaría junto con Saluz.
Los biólogos Liz y Roberto pidieron que completáramos la ruta, ya estábamos ahí y había que completar la aventura. Astrid, Liz, Angel, Enrique, Roberto, Marcelino y yo decidimos continuar la ruta con la esperanza de culminar la aventura esa noche en Jalpan de Serra, aunque desconocíamos aún todo el recorrido que nos faltaba por descubrir.

Astrid minutos más tarde también decidió regresar a la CDMX, por su trabajo no deseaba arriesgar a que la aventura se alargara. Por lo que nos despedimos de ella en la carretera donde ella esperaría para abordar el siguiente autobús que pasara.

Comenzamos nuestro ascenso por el camino de terracería, no llevábamos más de 10 minutos subiendo, cuando Enrique me dijo que esperara, pues Astrid venía más abajo. Astrid de último momento ya no abordó el autobús y decidió quedarse para continuar con la aventura.

Aquel camino iba serpenteando la vertiente de la montaña, en la parte alta de la montaña, sobre el collado a lo lejos se dibujaba la silueta del templo católico del lugar, según el mapa esa sería la parte más alta de nuestra ruta de aquel día y de ahí todo sería descenso hasta llegar a Jalpan de Serra. El camino era disfrutable, las tonalidades del sol de otoñal daban buena luz para las fotos, aunque la sombra de la montaña nos cubría del sol de la tarde, no muchas camionetas subían por aquella terracería, del otro lado de la montaña, hacia el norte, veíamos algunas cañadas, montañas y pueblos como Ahuacatlán de Guadalupe. Después de más de una hora ascendiendo por el camino de terracería que serpenteaba la ladera de aquella montaña, llegamos a las primeras casas del pueblo de Quirimbal, varias camionetas con placas extranjeras se veían entre las casas, lo que notaba la gran migración de las personas hacia USA.
Una pequeña tienda que atendían una pareja de la tercera edad fue parada obligada para comprar agua, refrescos y energéticos que nos proveyeran calorías. Al otro lado de la huasteca queretana, hacia el oriente, desde la parte alta de la montaña se divisaban las múltiples montañas detrás de Jalpan de Serra.
La luna comenzaba a asomarse en el horizonte mostrando un escenario de fotografía.
Al pararnos un instante para preguntarle a unas personas que encontrábamos a nuestro paso sobre alguna ruta que pudiera llevarnos a Jalpan de Serra, nos comentaban con tono de burla que estábamos perdidos y que por ahí no era la ruta, que debíamos regresar a la carretera federal y de ahí seguirla hasta llegar a Jalpan.
Las personas que nos veían al pasar se notaban sorprendidas, creo que es muy poco común ver senderistas o montañistas transitar entre las calles de su pueblo, que quizá por eso no pudieron darnos un norte sobre alguna ruta de senderismo hacia Jalpan de Serra, indicándonos solo la carretera federal que ellos transitan para llegar a Jalpan. Un compañero dudoso me preguntó si efectivamente estábamos perdidos, yo sabía que conectando brechas, caminos de terracería y senderos podríamos llegar hasta Jalpan de Serra a través de la huasteca queretana, por lo que continuamos nuestro andar haciendo caso omiso a que andábamos perdidos.
Desde ahí comenzaría un largo recorrido hacia Jalpan de Serra, calculaba poco más de 20Km aun por recorrer, eran ya poco más de las 5pm, a buen paso llegaríamos alrededor de las 10 u 11p.m. justo a tiempo para abordar el último autobús la línea de Primera Plus que viaja a la CDMX.
Minutos después de comenzar la bajada, Astrid nos comenta que siente un malestar en la rodilla, no era para menos, ya habíamos hecho un largo recorrido con equipo de montaña completo al hombro y era normal que comenzara a sentir el desgaste de sus articulaciones. Rápidamente le improvisamos una rodillera con unas vendas elásticas y un poco de análgesicos en pomada para que pudiera continuar con el recorrido.
Casas de madera, de adobe y de concreto había a lo largo del camino. En más de una casa entre los tejados se alcanzaba a escuchar los tradicionales sones huastecos, la guitarra, la jarana y el violín eran inconfundibles junto con las coplas de la huasteca, eso le daba un aire muy folclórico a nuestra aventura, pues si la luna y el color de la tarde sobre las montañas eran ya un momento onírico, al estar acompañados de los sones huastecos daban un sabor singular a la aventura casi bucólico.
Al desconocer esa región de México y no tener referencia alguna sobre los senderos de la zona, decidimos serpentear nuestro avance por el camino de terracería para llegar al siguiente pueblo llamado Rincón de Pitzquintla, un largo zig-zag tuvimos que bajar por la terracería, aunque el paisaje en el horizonte nos entretenía quitándole toda la monotonía a nuestros pasos mecanizados, pues los matices de la montaña a cada instante nos regalaban hermosas estampas de colores que era inevitable no poder capturarlas con la cámara.
Cerca de las 06:00 p.m. llegábamos al pueblo de Pitzquintla, un poblado de la huasteca queretana, donde la gente se sorprendía al vernos pasar con mochilas de montaña, quizá era poco común ver senderistas entre sus calles, que al pasar por la cancha municipal, varios jóvenes se asomaban a saludarnos, preguntándonos de donde veníamos y para donde íbamos, más de uno nos pedía que nos quedáramos ahí esa noche, hasta espacio para dormitar nos ofrecían.

Cerca de las 06:30 p.m. paramos en una tienda, para abastecernos de refrescos, alguna fritura o chocolate para energizarnos, desde ahí aún nos faltaban poco más de 15km para llegar a Jalpan de Serra. Calculaba otras dos o tres horas por lo menos para llegar a Jalpan de Serra, si la última parte de la aventura transcurriera sin imprevistos estaríamos llegando alrededor de las 10 y 11 p.m., apenas rayando para encontrar el último autobús a la Ciudad de México.

Uno de los caminantes propuso que esa noche mejor nos quedáramos a acampar en ese pueblo, pues no tenía mucho sentido caminar de noche, pues nos perderíamos del paisaje a través del recorrido que nos faltaba, sumando que al no conocer la ruta que nos faltaba, pudiéramos perdernos en el transcurso, lo que complicaría llegar a tiempo para abordar el último autobús a la Ciudad de México y tendríamos que quedarnos a buscar hospedaje en algún hotel de Jalpan. Ante ello era preferible acampar en el pueblo de Pitzquintla y a temprana hora comenzar la última parte del recorrido a Jalpan de Serra. Era razonable la propuesta, sumando que al no conocer la última parte del recorrido, desconocía que tan crecido pudiera estar el río de Jalpan de Serra que tendríamos que cruzar y luego bordear para llegar a nuestro destino, por lo que era buen plan no arriesgarnos esa noche y mejor acampar tranquilamente en esa zona segura.

De los nueve caminantes que originalmente comenzamos la aventura ya solo quedábamos siete. Pusimos a votación acampar en el pueblo de la huasteca queratana o continuar la caminata nocturna para llegar a Jalpan. Cinco de los siete avezados montañistas votamos por acampar esa noche en Pitzquintla, esto nos permitiría acampar y descansar relajadamente, disfrutar la noche en aquel poblado, comer algo sin prisa y al día siguiente con luz de día disfrutar los paisajes que nos faltaban recorrer por los últimos 15 kilómetros de aventura para llegar a Jalpan de Serra.
Enrique y Angel quienes por sus compromisos profesionales con las empresas que laboran, decidieron hasta ahí culminar la aventura. Por lo que dispusimos buscar un transporte especial que pudiera llevarlos a Jalpan de Serra donde ellos podrían tomar un autobús a la Ciudad de México. Al preguntar a la persona de la tienda, nos comentó que a las 5p.m. salió el último autobús de ese pueblo rumbo a Jalpan y que el próximo autobús saldría hasta el día siguiente. Enrique insistentemente le pregunto si conocía a alguien que pudiera llevarlos a Jalpan de Serra, por lo que la persona un poco dudosa nos indicó que esperáramos un momento mientras subía a la casa de su padre para ver si el podía hacer el viaje especial a los dos caminantes.
Don Hilario -un señor de 65 años aproximadamente- asomaba por su ventana, desde ahí nos indicaba que pasáramos a su casa, muy amablemente nos recibió en el patio de su casa, después de una conversación no muy extensa sobre nuestra aventura, Enrique sin mayor preámbulo le preguntó a Don Hilario si podía llevarlos a él y a Angel a Jalpan de Serra. El señor muy amablemente les comentó que no habría problema alguno, negociando entre ellos el costo del viaje especial en su camioneta roja nissan de doble cabina. Don Hilario también muy cortésmente nos comentó que podíamos acampar en un solar que tenía a las afuera del pueblo, ahí su hijo nos llevaría para poder acampar esa noche. Después de despedirnos de Enrique y Angel, cargamos nuestras cosas para dirigirnos al espacio de terreno que nos proporcionarían esa noche para poder acampar. Un viaje largo de casi 6 horas tendrían Angel y Enrique viajarían esa noche para llegar a la CDMX para que al día siguiente estuvieran en sus actividades laborales de siempre y no perder su bono de asistencia y puntualidad.
Liz y Enrique también trabajaban al día siguiente, ellos son biólogos y laboran como catedráticos de la UNAM, pero su espíritu aventurero los animaba a continuar el recorrido de principio a fin, que impulsaban a continuar la aventura hasta que el último paso tuviera que darse. Marcelino no tenía problema, pues tiene un negocio, pero podía ser atendido por su mujer mientras el estaba en la aventura. Astrid igual tenía que trabajar al día siguiente en la empresa que laboraba, pero en ese momento nos comentaba que había entendido que aventuras como esta solo ocurren una vez en la vida mientras que de una empresa pueden correrte varias veces en cualquier momento. Yo, no tenía tanta prisa por terminar la aventura, en ese momento me dedicaba por propia cuenta a implementar servidores de telefonía para call centers y sistemas de seguridad informática, pero al día siguiente no tenía agendada visita o soporte alguno con algún cliente en la ciudad.

Para nuestra buena suerte, el espacio que nos brindaron para acampar esa noche estaba cerca de una pequeña tienda donde pudimos comprar agua, galletas, atunes, tortillas de harina, chiles, refrescos y hasta cervezas para hacer más amena la convivencia esa última noche de aventura por la Sierra Gorda de Querétaro. Después de montar las casas de campaña, nos sentamos a conversar sobre cosas intrascendentes de la vida y la montaña mientras una botella tras otra de caguamas íbamos vaciando. El frío y la noche nos reclamaron el espacio nocturno, por lo que cerca de las 11p.m. nos metíamos a nuestras casas de campaña para descansar de aquel tercer día de montaña.

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El plan al amanecer sería levantarnos a temprana hora, darnos un chapuzón y de ahí comenzar nuestro último recorrido hacia Jalpan de Serra.

A las 07:00 a.m. nos levantábamos, mi estufa portátil ya calentaba un poco de agua para hacer café. El señor de la tienda que la noche anterior nos había abastecido de bebidas y alimentos, muy cortés nos ofreció el baño de su casa para darnos un regaderazo. Era el cuarto día de aventura y un baño en forma con jabón era más que necesario.
Cerca de las 09:00 a.m. ya con el campamento guardado y las mochilas al hombro, comenzábamos nuestro andar. Los primeros cuatro kilómetros los caminamos por la orilla de una carretera asfaltada hasta llegar al pueblo de Laguna de Pitzquintla. Ahí nos desviamos entre las calles del pueblo para poder seguir dos kilómetros más por un camino de terracería que nos llevaría a la siguiente ranchería ubicada más abajo en la entrada a la boca de la cañada que conduce hacia el río de Jalpan de Serra. Desde ahí sería continuar por un sendero hasta encontrar el río de Jalpan, este río de Jalpan se forma con el río escanela, pero un par de kilómetros antes atraviesa una gruta por debajo de la montaña para salir más adelante y continuar a cielo abierto y formar la presa de Jalpan.
Después de una hora y cuarenta minutos de haber comenzado nuestra aventura del día, llevábamos 9.5km recorridos, estábamos ya justo en el cruce del río de Jalpan.
Previamente al ir bajando por el sendero, se escuchaba con estruendo aquel río, pensaba que traía mucha fuerza aquel río, por lo que en ese momento pensé que fue buena decisión acampar la noche anterior en el pueblo de Pitzquintla, pues no sé que hubiera pasado si nos hubiéramos quedado ahí nuevamente atrapados a mitad de la noche.
Aquel río se escuchaba con fuerza, ya que justo del otro lado de nosotros, el río sale de la montaña por una gruta.
El cruce por el río no representó mayor dificultad, pues la vaguada era muy amplia y el río en esas fechas de otoño se dispersa a lo ancho, que el caudal no llega más allá de las rodillas.
Después de cruzar el río, la ruta continua por un camino de terracería, un par de kilómetros bordeando por la parte alta del río hasta llegar al paraje conocido como Río Adentro, donde ya la terracería bordearía por un costado cercano al río.
Al llegar al río de Jalpan, quedamos encantados con aquel último paisaje inesperado, el paisaje de selva, los pájaros, las garzas, los patos, los árboles secos enterrados en medio del río, y ese color verde esmeralda del agua daban una sensación que aquel río era una pequeña maqueta del gran río abuelo del Amazonas.
Daban ganas de acampar a un costado del río, cerca del pantano, y esperar que la noche dejara soltar la magia del lugar.
Ya poco menos de 8km nos faltaban de recorrido para culminar nuestra aventura por la biosfera de la Sierra Gorda, disfrutando el último tramo rodeando aquel río de Jalpan.
Aunque los últimos 3km fueron los más pesados ya que esa parte que rodea al río está adoquinada para el turismo, por lo que los pies acostumbrados a los pasos amortiguados por la tierra sentían el duro terreno de concreto y asfalto. Ya muy próximo se veía el pueblo de Jalpan de Serra, detrás de la presa de Jalpan se veía su templo católico y las sin fin de viviendas de aquel pueblo mágico.
Una última parada hicimos en un mirador de la presa de Jalpan, para captar las últimas fotos de la aventura y enterarnos de las especies de aves y plantas que forman ese ecosistema.
Después de 3 horas y 20 minutos llegábamos al parque central de Jalpan, eran casi las 12:30 p.m.
Después de casi 96Km recorridos paré el GPS justamente donde las letras coloridas forman la palabra Jalpan, muy singular para notar a los pueblos mágicos de nuestro país.
Ahí la última foto de la aventura fue capturada, solo cinco de los nueve aventureros posábamos para la foto del recuerdo.
Una nieve en el parque de Jalpan y unas buenas enchiladas potosinas en un restaurante cercano fueron el último bocado antes de emprender el regreso a la Ciudad de México. Aunque después de comer, al parecer los compañeros tenían aún batería pues caminamos todavía otros dos kilómetros desde el centro a las afueras de la ciudad para llegar a la terminal de autobuses. Ahí abordamos un autobús a Querétaro pues solo había corrida directa a la ciudad de México hasta la noche. Ya en Querétaro abordamos otro autobús a la ciudad de México, llegando cerca de las 10:00 p.m. a la terminal de autobuses del norte, donde los cinco caminantes nos dimos un último abrazo de montaña, dejando en nuestra memoria los recuerdos por esa gran aventura a través de la biosfera de la Sierra Gorda de Querétaro.
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