Redes Sociales
Comparto esta crónica de cañonismo en memoria de nuestro guía y maestro de cañón: Octavio Obregón Zuber.
Después de haber completado el curso básico de cañonismo, el equipo de AdvenTerra & #CañonerosTodoTerreno liderados por el experimentado guía Octavio Obregón Zuber, nos llevaron para conocer e internarnos en una de las arterias de nuestra madre Tierra, para deslizarnos a través de los átomos de vida que caen por uno de los acantilados de prismas basálticos que desembocan en la cañada de Aguacatitla(En nahuatl: “Lugar de Aguacates) muy cerca del pueblo mágico de Huasca de Ocampo.
El domingo a temprana hora partimos de la Ciudad de México rumbo a Huasca de Ocampo en el estado de Hidalgo, un sol intenso de mayo alumbraba la mañana, seguíamos la ruta carretera Teotihuacán-Tulancingo-Tuxpan-Huasca de Ocampo. La noche previa estuve a punto de desistir para esta salida por una inflamación en la rodilla izquierda, ya que un día antes había ido a correr cerca de 27.5km para explorar una ruta para una caminata con causa para unir diversos senderos y rutas de montaña y por la tarde del sábado me fui a jugar basquet a una liga de primera fuerza donde después de jugar treinta minutos, mi rodilla resintió el peso de la vida y de los años, que ya no me dejó terminar el juego, regresando a casa con un fuerte dolor que apenas podía flexionar la rodilla.
Me sentía un poco molesto esa noche o más bien quizá era un síntoma por el síndrome de abstinencia montañera, por la adrenalina que al día siguiente pudiera perderme, pues aunque desconocía completamente el cañón de Aguacatitla al que irían al día siguiente, sabía que iba a ser una experiencia de nivel extremo, pues si algo caracteriza a este grupo de #CañonerosTodoTerreno son por lo rudas y extremas que llegan a ser sus aventuras de cañonismo.

Ya estaba a punto de mensajear a un compañero de cañón, para decirle que no me esperaran en el punto de encuentro, ya que por la inflamación de la rodilla no podría asistir. Pero no quise desistir a la primera y se me ocurrió hacer una terapia con hielo, poniéndome por 15 minutos una bolsa de hielo, repitiendo 3 veces cada 20 minutos. El dolor e inflamación había disminuido, sentía aún la fricción de la rótula, pero ya podía flexionar mejor la rodilla, me unté un poco de voltarén antes de dormir, descansar el resto de la noche y ver al día siguiente como amanecía de la rodilla; si podía brincar y hacer algunos movimientos bruscos sin mayor dolor, entonces iría a esta aventura donde se necesita estar en buena condición física por lo complicado de los terrenos agrestes que implica el descender entre rocas, cascadas, arroyos y terrenos escarpados.
Al día siguiente, pude notar que ya podía mover mejor la rodilla y sentía más confianza, todavía tenía un ligero dolor en la rodilla, pero ya sentía mejor flexibilidad. Sin mayor reparo, preparé la mochila con todo lo necesario: casco, silbato, mosquetones de gatillo para anclajes, mosquetón tipo pera para descensor, descensor tipo oka, mosquetón oval, cordino para cabo de anclaje, traje y calcetas de neopreno, botas antiderrapantes, rompevientos, manta térmica, guantes, playera de secado rápido, etc.
A los 500 metros de salir del departamento, recuerdo que me hace falta la lámpara frontal, por lo que rápidamente regreso al depto, pues aunque pudiera no ocuparse la lámpara, la reglas de este grupo son muy estrictas por seguridad de todo el equipo, por lo que hacen un checklist verificando que todos lleven el equipo de seguridad adecuado de lo contrario no dejan realizar la actividad a quienes no lleven todo el equipo necesario para esta actividad extrema.
Cerca de las 8:15 a.m. en caravana vamos 10 cañoneros para esta aventura. Haciendo una parada intermedia en el pueblo de Jaltepec ubicado al poniente de Tulancigo a mitad de la carretera federal que nos lleva a Huasca de Ocampo, ahí paramos para desayunar y cargar de energía al cuerpo para todo el recorrido que nos esperaba ese día. En esa comunidad cada domingo se coloca un tianguis donde expenden diversos productos de la región, fue inevitable eludir el gusto por el pan amontonado entre canastos de carrizo, así que un café con piloncillo y canela como brebaje mañanero acompañado de un pan hecho en la localidad fue el primer disfrute mientras esperábamos las quesadillas, tlacoyos, guajolotes y tacos dorados que ya se preparaban sobre el comal de un puesto sobre aquel tianguis tradicional de pueblo.
A la 10:00 a.m. llegábamos a Aguacatitla, localidad ubicada a 15 minutos del pueblo mágico de Huasca(En náhuatl: “Huascazaloyam – lugar de pájaros, agua, vegetación y alegría”) de Ocampo.
Desde ahí se divisa la barranca de Aguacatitla, la cuál alcanza una profundidad cerca de 250 metros, una barranca que más al sur nos lleva hasta la barranca de Huasca donde se encuentran los famosos prismas basálticos que son visitados por cientos de personas cada fin de semana.
Los guías de Adven Terra meses antes habían acudido al lugar por invitación de los lugareños, para explorar esa cañada, armar la ruta y colocar anclajes para que en un futuro pudiera ser una opción turística y de aventura al igual que una forma de captación de turismo de aventura para que la gente local del lugar tuviera más opciones económicas de subsistencia. Sin duda una labor social de este grupo de aventura para beneficio de la comunidad local.
El comentario de Octavio Obregon Zuber -el instructor y guía de AdvenTerra- fue que el agua no estaba tan fría, por lo que el neopreno no era necesario usarlo, salvo para protegerse de la gran cantidad de mosquitos que habría en el lugar. Mi estado “andropaúsico” por el intenso calor de la mañana no me animaba a ponérmelo, sumando que soy más de montaña por lo que el calor no es lo mío y si lo frío, aunque lo estaba considerando, pues comentaban que había que nadar una que otra poza, y el neopreno ayuda mucho con la flotabilidad, cosa que me inquietaba pues por el peso de mi mochila más todo el equipo de descenso estaría algo pesado y el neopreno pudiera ayudarme para flotar para avanzar entre las pozas. Aunque de último momento desistí y decidí hacer la ruta usando solo con un rompevientos y un short “acapulqueño”, aunque eso implicara avanzar lento entre las pozas con todo el peso pues no soy tan ducho para nadar.
A las 10:30 a.m. ya estábamos todos listos en el borde del cañón, contrariamente al montañismo esta actividad empieza desde la parte más alta de un cañón para de ahí descender entre las cascadas del cañón mientras que el montañismo lo hace subiendo por cañadas, aristas y vertientes para llegar hasta la parte más alta. Empezaríamos a descender desde la parte más alta del cañón, comenzando a descender a través de una cascada de casi 80 metros que se produce por la caída de un arroyo que se origina por diversas presas del lugar, teniendo a mitad de la caída de esa cascadas los prismas basálticos para de ahí llegar hasta una poza la cuál después de librarse de la cuerda había que salir de ahí nadando.
Los guías de esta aventura serían Luz Elena Moreyra, Blanca Estela Garcia Rodriguez, Octavio Obregon Zuber, Esteban Sáenz y David Lara. Esteban Sáenz quien también es un experimentado y profesional guía de cañonismo del CEMAC, sería él quien armaría los anclajes y estaciones a través de los 9 rapeles que tenía esta ruta de cañonismo.
Mi afición por la fotografía me animó a colocarme en un punto donde pudiera comenzar a fotografiar los descensos de los compañeros, me acosté en el borde del cañón para tener buen punto de vista de la caída de la cascada, del fondo del cañón y del descenso con cuerdas que hacían los compañeros cañoneros.
De repente el viento asomaba, que el agua emocionada por su visita elevando sus átomos hasta 10 metros dejando caer una brisa refrescante, “popocatl” agua que humea le llamaban a este efecto nuestros antepasados, pues los átomos de vida parece se desprenden de la cascada para elevarse al cielo como el humo al fuego, el sol no podía pasar desapercibido ante este jugueteo de ehecatl(viento) y Atl(agua), que con su luz comenzaba a florear un “kosamalotl”(arcoiris en náhuatl) horizontal que parecía los cañoneros descendían por un portal multicolores hacia la adrenalina y emoción de esta actividad de aventura.
Uno por uno iban rapeleando todos los compañeros de cañón, las fotos de cada uno de ellos no podían faltar, así hasta que llegó mi turno. Medio apasguatado me dirigí al punto de descenso, no sin que antes el guía me hiciera unas observaciones que quizá por la distracción de estar haciendo fotos olvidé ponerme los guantes que eran necesarios para tener mejor agarre de la cuerda y evitar que la fricción pudiera hacer que la soltara, al igual colocarme el gorro del rompevientos dentro del casco para evitar un accidente con la cuerda y un ajuste en el arnés, así que por seguridad tuve que corregir esos detalles más que importantes al momento.
Estaba ya parado al borde de la cascada, anclado, había hecho mi bloqueo de cuerda con el descensor, estaba ya listo para descender, justo antes de comenzar a descender por la cascada pude reaccionar y notar que estaba sin ningún freno en mi descensor, eso hubiera hecho que mi descenso fuera muy rápido y hasta descontrolado, por lo que rápidamente deshice el bloqueo y volví a colocar la cuerda correctamente con dos frenos en el descensor. Estos últimos ajustes aumentaron mi tensión, pero no había vuelta atrás, estaba ya al borde del cañón y salvo los dos guías que quedaban era ya el último de los que iban como contingente.
El instinto de supervivencia del ego me traicionaba, pues la mente siempre busca eludir los riesgos intentando mantenerse a salvo, pero no había vuelta atrás, ya estaba armado. Que chingados hago aquí decía dentro de mi, pero no había vuelta atrás.
¡A volar! Después de liberar el cabo de anclaje y quitar el bloqueo, ya no había para donde arrepentirse, menos al dar el primer paso y sentir la fuerza de la cascada caer sobre los hombros, ya no había forma de decir me regreso, solo era bajar y bajar, tratar de concentrarse, coordinar pies, manos y cuerpo y solo tratar de disfrutar la caída de la cascada para engañar a la mente e intentar sortear aquel descenso emocionante a través del “atemoktli” que en náhuatl significa cascada.
Por la adrenalina de sentir la caída del agua, hasta el dolor de rodilla se me había quitado, la primera caída del “akueskomatl” acantilado en náhuatl, sería de 80 metros a través de un rapel fraccionado, el primero sería de 30 metros bajo la intensa agua que desciende por la cascada y el segundo en caída libre de 50 metros. Aunque este primer descenso tenía un obstáculo que no sería nada fácil de sortear, pues habría que llegar a los prismas basálticos y desde ahí habría que maniobrar con una mano para desescalar para llegar hasta el otro anclaje que estaba como a 10 metros en diagonal hacia la izquierda. David había sido el primer valiente en bajar para estar en esta estación, pues como guía le había tocado colocar el anclaje y la cuerda para el descenso de 50 metros, el nos iba instruyendo como llegar hasta él. Pero estos primas basálticos estaban en extremo resbalosos, no había manera de poder pararse en ellos, por lo que había que sujetar bien la cuerda con la mano derecha y con la otra mano intentar maniobrar para poder agarrarse de alguna hendidura entre los prismas y poder ir bajando como se pudiera pues los pies colgaban en el vacío por lo resbaloso de los prismas no había donde colocarlos; por un momento me apaniqué, pues pensé que había bajado de más, que sentí ya no tendría cuerda y quedaría suspendido a mitad de la nada, incluso con el temor de salir volando, pues el intentar escalar para regresar al otro anclaje sería casi imposible por lo resbaloso que estaban las rocas.
En eso estaba cuando quede atorado en una roca, tuve que bloquear la cuerda en el descensor para asegurarme y poder usar las dos manos para poder salir de ahí y poder cruzar al otro lado, comencé a hiperventilar que por un momento si pasó por mi cabeza que ahí podrían ser mis últimos segundos de mi efímera y desapercibida existencia, pero al voltear entre la poca vista que nos da el agua que baja por la cascada vi a David más abajo y eso me regresó un poco la calma, pues no estaba tan perdido en el descenso, como pude llegué hasta él no sin antes haber pasado un momento de adrenalina pura.
Una repisa de apenas 30 cm separaban el primer rapel del vacío, justo apenas para poner los pies al borde antes de soltarse de la primera cuerda, ahí a mitad de aquella cascada había que anclarse para luego volver a armarse con la segunda cuerda en el descensor y comenzar la segunda parte del descenso por la cascada. Este descenso era más tranquilo, pues era en caída libre ya sin tener la cascada encima si acaso el “auitatli”(brisa) de la cascada, por lo que el rapel fue muy disfrutable bajando suavemente aunque después de toda la adrenalina del primer rapel comenzaba a sentir la ansiedad de querer ya tocar suelo firme o al menos llegar al fondo de aquel descenso, esos 50 metros de descenso parecían alargarse.
Algunos años antes había visitado los prismas basálticos con mis hermanas, viéndolos desde un mirador con un rico raspado de chamoy en la mano, nunca por mi menté pasó que algún día estuviera en las arterias de un cañón cercano con prismas basálticos sujetándome la vida con una cuerda y una mano para poder salir de ahí. Mi máxima reflexión en aquel tiempo pasado era saber como se habían formado tan perfecta y geométricamente aquellos prismas basálticos que veía desde el mirador, conociendo después que estas formaciones geométricas tienen su origen por el enfriamiento de lava o magma durante un derrame que se vertió al fondo de la barranca en tiempos prehistóricos, la estructura geométrica fue enfriada en un medio acuoso, lo cual hizo que se convirtiera lentamente en una estructura hexagonal.
Después de descender de aquel rápel, dos pitidos de mi silbato indicaban al compañero que estaba en la estación previa que ya estaba libre de la cuerda, unos metros caminé a través de la poza para tocar suelo firme y ya desde ahí poder ver la impresionante caída de la cascada que descendía a través de la pared del atlakomoli(barranca). Mis piernas tenían las huellas de la batalla, todas raspadas principalmente de la pierna izquierda que era con la que me iba ayudando para poder atorarme entre las grietas de alguna roca de los prismas para ir deslizándome al segundo anclaje.
Más abajo ya estaban otros compañeros, quienes observaban el descenso de los compañeros que faltaban. Blanca tenía la misión de bajar rapeleando de la primera estación y rescatar la primera cuerda, algo nada fácil considerando que sería la última en descender del primer rapel, mis respetos y admiración por esta maniobra tan extrema pues habría que rescatar la cuerda en un espacio de apenas 30 cm a mitad de una cascada y terreno muy resbaloso teniendo una caída de 50 metros más. David se encargaría de descender al último de la segunda estación y rescatar la segunda cuerda.
El siguiente y tercer rapel fue mas disfrutable y paisajista, pues no tenía más de 6 metros; esta cascada cae sobre una poza donde el agua sigue su camino entre rocas verdes para luego pasar bajo un acueducto que fue construido en el siglo XIX durante la época de explotación de plata en la zona de Huasca.
De ahí la ruta de cañonismo continua para llegar al cuarto rapel ubicado bajo el arco del acueducto, donde por instrucciones del guía me comentaba que esperara a los demás compañeros para ayudar a cargar una de las cuerdas; volví a regresar al tercer rapel, vi que había posibilidad de escalarlo y así regresar con los demás compañeros que faltaban. Se me hizo fácil cargar una cuerda y para no rapelear con la cuerda, le dije a Arturo que le aventaba la cuerda, aunque cometí un error, pues esta la aventé a una poza que poco a poco se iba hundiendo, menos mal que la poza no estaba tan profunda que segundos más tarde Arturo pudo sacar la cuerda. Recibiendo una recomendación de los guías que nunca hiciera eso, pues la cuerda pudiera atorarse con algún tronco o rama o simplemente ser arrastrada por la corriente y esta pudiera perderse. Una lección más aprendida.
Entre el tercer y cuarto rapel hay una cueva, aunque no parecía profunda, quizá fue cavada para exploración de minerales en el pasado.
El cuarto rapel tampoco era muy alto, creo no más de 9 metros, aunque la salida es muy angosta a través de una grieta resbalosa, que al no hacer bien la salida resbalé y costalee contra la pared, rápidamente volviéndome a acomodar para rapelear por la cascada.
La poza estaba profunda que mis pies no tocaban el suelo de la poza, a pesar del peso de la cuerda que llevaba en la mochila, más el equipo pude flotar sin mayor problema, aunque iba nadando lento que no pude evitar hacer uno que otro buche de agua puerca, para poder salir sin mayor problema de ahí.
El quinto rapel fue más disfrutable, pues ya no fue bajo una cascada aunque si por la pared vertical de una roca húmeda y poco resbalosa.
De ahí fue caminar entre rocas y el arroyo para llegar al sexto rapel donde igual no presentaba mayor dificultad técnica, y era bajar a través de una pared de roca seca menos inclinada.
El trekking para el séptimo rapel fue a través de piedra arenisca, que los pies se hundían, menos mal que las calcetas de neopreno son largas que evitaron que la arena se metiera al zapato.
El séptimo rapel fue muy disfrutable, pues podía hacerse sobre la caída de la cascada o a un costado sobre la pared de roca seca la cuál estaba menos inclinada, un descenso muy disfrutable el cual caía a una poza que no llegaba más alto de la rodilla.
De ahí era caminar unos pasos para llegar a una poza donde habría que esperar para comenzar el penúltimo rapel.
Este rapel de 12 metros había que hacerlo sobre la caída de la cascada, aunque la roca estaba muy resbalosa, había peldaños en la pared de roca por lo cual podía descenderse tranquilamente como desescalando y en otros tramos rapeleando así hasta llegar a otra poza de 5 metros que había que cruzar para llegar al borde del noveno y último rapel.
El agua no estaba fría, era muy refrescante en ese momento por el intenso calor de los días de mayo. La decisión de ir en moda acapulqueña era medio acertada, si no hubiera sido por los mosquitos y los raspones dados en el primer rapel.
Por fin estaba armado para el último rapel, 10 metros me separaban de la última poza de este cañón.
Mentalmente estaba medio tranquilo, pero también ya con ganas de estar del otro lado de la línea.
Así que comencé a bajar por los hilos de agua que descienden por la pared de esta cascada. Dos pitidos de mi silbato indicaban que ya estaba libre de la cuerda y en posición segura.
Varios compañeros ya se les veía en el rostro su cara de tranquilidad, acomodados bajo la sombra de un Eucalipto, riendo y bromeando mientras disfrutaban de algún dulce o hidratación.
Después de un recorrido de 5 horas, ya todos habíamos terminado el último descenso.
Quise despedirme del cañón tocando la pared de la última cascada en agradecimiento, pero al dar un paso para acercarme resbalo y doy un fuerte ranazo cayendo sobre la poza, pensé que nadie había visto pero al parecer no fue nada discreto el ruido del golpe, me levanté rápidamente pero quedé privado unos segundos por el golpe, menos mal que traía la mochila y el casco que ayudaron a amortiguar el golpe, esa fue mi última ofrenda al cañón.
Ya solo había que bajar un tramo entre rocas para llegar al río donde confluye el arroyo que desciende del cañón que habíamos recorrido, para de ahí atravesarnos el río y seguir por un sendero que sube casi en vertical hasta el centro ecoturístico de Aguacatitla, donde ya nos esperaban unas cervezas bien frías con una deliciosa comida que consistía en unos chiles rellenos y una verdolaga en salsa verde.
Después de comer, estaba ya en el estacionamiento, donde podía sentir nuevamente la frescura de la vida al estar cambiado de ropa y con los pies descalzos y secos agradeciendo al iluikatl(cosmos) por esta vivencia y sobre todo por estar contándolo y respirando, me sentía como vuelto a nacer, mientras veía en el horizonte entre los cactus ver el teotlaktli(atardecer) y la despedida de Tonatiuh(El Sol).
Nuevamente agradezco a @AdvenTerra y a sus guías por compartirnos estas rutas, al igual por compartirnos su experiencia para aprender más de esta actividad de cañonismo.

Gracias @Blanca, @Elena, @David, @Esteban y @Octavio por el profesionalismo y experiencia compartida en esta aventura y por hacer muy segura esta ruta extrema. Al igual gracias al compañerismo mostrado por Merith Chamerry, Angélica, Miguel y Arturo Arce. Felicidades a todos por rifarse como los grandes en esta aventura que para nada fue fácil. Nos vemos en próxima aventura de cañón.

#CañonerosTodoTerreno
Facebook Comments Box
¡Atrévete a explorar! Y únete a nuestro grupo de Senderismo & Campamentos de Montaña en Mexico.
https://www.facebook.com/groups/senderismoycampismomexico