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Hace unos días me lancé a la Sierra Norte de Oaxaca, para solicitar permiso a los comuneros para poder realizar una travesía de montaña por sus terrenos de montaña, por lo que quise aprovechar mi día y estando ahí explorar algunas otras rutas de montaña que no conocía, por lo que después de platicar con los encargados de la zona pude obtener el permiso para luego sentarme a desayunar en el comedor de la localidad unos ricos frijoles con huevos criollos, tortillas al comal recién hechas, un café con panela(piloncillo) y un pan de trigo recién hecho, después de eso decidí internarme sólo en la montaña.

No llevaba equipo especial, incluso ni mochila, solo un impermeable, unos electrolitos y listo, pues pensaba solo ir a platicar con los comuneros, solicitar el permiso y regresar a la ciudad de Oaxaca, pero para quienes disfrutamos la montaña siempre queremos recorrer nuevas rutas y explorar más rincones de montaña, así que dispuse hacer una ruta de no más de 15km en modo trail running siguiendo algunos senderos que no conocía para ver a donde conectaban y aprovechar la mañana.

Después de subir corriendo casi 12km por senderos que no conocía, decidí emprender el regreso por otra ruta entre brechas y senderos, por lo que comencé a bajar rápidamente, calculaba terminar en menos de una hora la aventura.

Era temprano aún, cerca de las 10 a.m. el cielo estaba aún despejado, pero poco a poco comenzaba a nublarse, pues la Sierra siempre es así de impredecible, en un rato está soleado y de un momento a otro puede caer una tromba.

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Entre la montaña se cruzaban diversos senderos e iba eligiendo alguno que llevara en dirección de mi punto origen, pero después de varios minutos sentía que me alejaba más de mi punto de inicio, por lo que revisé el GPS, vi que no me había apartado tanto y me mantenía en paralelo de la ruta de ascenso, aunque supuse que la ruta que estaba tomando poco a poco se internaría más a la montaña y me desviaría completamente de mi ruta, pues comenzaba a seguir todo el cauce de un arroyo.

Al ir bajando, pude encontrarme con unos cinco toros, y estos no se quitaban del sendero, afortunadamente no eran bravos y pude ahuyentarlos para seguir mi camino.

Más abajo me llegó un olor, en un momento pensé que era de un zorrillo, pero el olor era más tenue, incluso pensé que si era de zorrillo no olía tan mal como otras veces he notado.

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Mientras avanzaba, decidí echarle un ojo al GPS y ver en el mapa las curvas de nivel, me encontraba bajo una arista que conectaba con parte de mi ruta de ascenso, estaba aproximadamente como a 150 metros de desnivel más abajo, la arista no se veía tan pronunciada, aunque no había camino pero la mayor parte de la vegetación eran pinos, por lo que supuse que estos árboles al absorber gran parte de los nutrientes de la tierra no permiten mucho el crecimiento de la maleza, por lo que subir en campo traviesas por esa arista de montaña pura no sería tan complicado.

Así que me dispuse a trepar por esa arista, en algunos tramos era subir con pies y manos sujetándome de algunas raíces de los pinos, iba subiendo rápido y calculaba subir en unos 15 minutos ese tramo de montaña abriendo camino.

Al ir subiendo, sobre la arista pude ver un espacio del terreno medio hundido, como si un animal ahí se hubiera postrado para descansar, revolcarse o rascarse, esto ya lo había visto antes en otros lugares y supuse que sería el rastro de algún coyote o algo así, pero dos metros más adelante veo un rastro similar, por mi mente comenzaba a pasar el poderme encontrar con un puma, pues es muy sabido que en esa zona habitan estos felinos, los cuales han sido captados por varias cámaras trampas, pero mi instinto de aventura decía que continuara, pues solo eran 100 metros de desnivel los que ya me faltaban para conectar con mi ruta de ascenso y no creía que mi suerte fuera mucha para que en toda esa inmensidad de la Sierra, en apenas esos 150 metros pudiera hallarme con un felino, pues la Sierra Madre del Sur a la que pertenece la Sierra Norte de Oaxaca tiene una extensión de más de 1,200km a lo largo de Jalisco, Colima, Michoacán. Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

Iba trepando lo más rápido que podía, cuando a unos 20 metros de donde estaba, en un claro sobre la arista, veo un animal postrado tomando el sol, estaba recostado, moviendo la cola y con la cabeza hacia el otro lado de la montaña, ¡Era un León de Montaña! o Puma como es conocido en Oaxaca. De piel color dorada, con una mancha obscura sobre la cola y su cabeza viendo hacia el horizonte, del tamaño de un san bernardo pero más esbelto, moviendo la cola de un lado a otro como espantándose los mosquitos.


En ese momento la sangre se me heló, y en mi mente pensé que yo ya había valido, pues estaba a mitad de la nada, sin camino alguno, por lo que si ese felino me atrapaba nadie se hubiera dado por enterado.
Rápidamente pensé en sacar mi teléfono para fotografiarlo, pero en un segundo esa idea se desvaneció de mi cabeza, pues en lo que sacaba el cel, lo desbloqueaba y activaba la cámara para poder fotografiarlo, quizá eran segundos que aquel animal podría darse cuenta que estaba a unos metros de el y pudiera abalanzarse hacía mi mientras estuviera maniobrando el celular. Por lo que rápidamente sin darle la espalda, retrocedí como 4 o 5 pasos, hasta no tenerlo de vista y bajar como cabra loca por el costado derecho de la arista, por una vertiente un poco vertical. Al hacerlo pude quebrar algunas ramas, que seguro fueron escuchadas por aquel animal, lo que hizo que la sangre se me pusiera más densa, pues sabía que si aquel animal venía tras de mi no tardaría mucho en darme alcance.

Baje lo más rápido que pude pero con cuidado para no hacer ruido, no resbalar y no caer, solo que había una pared como de dos metros para llegar al sendero por el que había bajado, no sé como lo brinqué. Quise subir corriendo por el camino que había bajado, pero si hacía eso no me daría cuenta si aquel animal me perseguiría, por lo que tomé una rama lo más dura posible y unas piedras, comencé a subir caminando despacio por el sendero, volteando a cada segundo por si el animal estuviera detrás de mi y poder ahuyentarlo y defenderme como pudiera en caso de ser atacado, la adrenalina la tenía al mil.

Así seguí regresando por el mismo camino, hasta volver a encontrar a los toros, eso me alivió, pues si aquel felino me siguiera, creía que esos otros animales serían comida para el felino antes que yo, bueno eso supuse.

Seguí mi camino y más arriba me encontré a comuneros del pueblo de San Matías Zoquiapan, eso me tranquilizó aún más, contándoles de mi experiencia. Uno de ellos me dijo que había tenido buena suerte, pues él nunca había visto uno en esa montaña, preguntándome si le había tomado foto, otro más me comentó que seguro aquel animal no tenía hambre pues si hubiera sido así me hubiera atacado, otro más comentaba que quizá por eso ya no había venados en la zona. Mientras les platicaba esto, unos más decían que les dijera donde para que fueran a cazarlo, por lo que desistí decirles donde, me despedí de ellos y continué mi camino. No sin antes ellos recomendándome que subiera un poco más, que más arriba estaban los comuneros de La Cumbre, quienes eran los que les había solicitado el permiso para la travesía de montaña y ellos podrían darme un ride en alguna de sus camionetas para bajarme a la carretera.

Pero decidí bajar caminando por otra terracería muy marcada que ya conocía, aunque sabía que esa arista donde había encontrado a aquel felino también conecta con esta terracería pero donde topé con este felino sería aprox a 1.5km más abajo de la arista de montaña, pero confiaba que por esa terracería pasarían algunas camionetas que suben a ciclistas de montaña al paraje de Corral de Piedra y eso ahuyentaría a aquel felino.

No conforme con aquel susto, desistí seguir bajando por terracería pues daba mucha vuelta y hacía más largo el camino, por lo que decidí volver a internarme a otro sendero de 4.5km aprox que ya conocía y bajar caminando a la carretera, pues el cielo comenzaba a nublarse, sentirse frío y ya algunas gotas comenzaba a sentir.
Cerca de la 1p.m estaba ya en la carretera, no sé si por todo lo que había pasado, pero tenía mucha hambre, por lo que busqué un lugar donde comer y así después de comer, encontré un transporte que me llevó de regreso a la Ciudad de Oaxaca.

Ya antes en mis caminatas en solitario por la sierra he encontrado jabalíes, venados, pavas y otros animales, aunque esta vez fue diferente, afortunadamente pude verlo primero y pude dar vuelta atrás y salir vivo de ahí, aunque creo más que aquel animal estaba más que enterado de que estaba cerca de él, pero a diferencia del ser humano que depreda todo a su alrededor aún teniendo satisfechas sus necesidades, aquel felino al no tener hambre me dejó ir, siguiendo las reglas de la naturaleza de no consumir lo que no se necesita.

Foto: Puma o “León de Montaña” captado en “Corral de Piedra” de la Sierra de Oaxaca en el 2018 por las cámaras trampa de la CONAMP.

#AtréveteAExplorar

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