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Crónica de una exploración de cañón de altura ¡con agua congelada!


Este domingo en conjunto con #CañonerosTodoTerreno hicimos el plan de subir la montaña, a los 3,400 msnm para explorar un cañón, por lo que el sábado casi a media noche salí de la ciudad de Oaxaca, para llegar aquí a la CDMX a temprana hora y de ahí dirigirme con nuestro equipo de cañonismo a las faldas de la abuela montaña para internarnos en terreno agreste y desconocido.


Hace años, al hacer una caminata de San Rafael a Amecameca, al pasar por el llano de Xopanac escuché el ruido de un caudal, al buscar aquel arroyo pude ver que de ahí se desprendía una cascada y que continuaba por las paredes de roca que poco a poco se iban encañonando. Ganas no me faltaron de meterme, incluso supe que otro grupo(Fuego Nuevo) se había internado en este lugar, pero no habían publicado información topográfica sobre su aventura y lo mantuvieron a discreción, por lo que desde entonces me quedé con las ganas de saber que había más allá de esa cascada.

Acercamiento al cañón

Así que este domingo, contando con la experiencia de nuestro máster de cañonismo Gustavo Herbin Campos Rivera y los aventureros exploradores Arturo Arce(aka “el internacional”) y Angelo Lopez(aka Mishi) nos dispusimos internarnos en este cañón sin tener ninguna información topográfica, más que la entrada a este lugar, por lo que caminamos cerca de 12km subiendo 1000 metros de desnivel cargando todo el equipo de exploración: cuerdas, anclajes, taladro rotomartillo, baterías, brocas, spitz, parabolts, placas, etc. Casi dos horas nos tomó el ascenso a la entrada del cañón, cerca de las 12.30 p.m. estábamos tocando el arroyo, algo tarde pues habíamos perdido tiempo en el camino de la CDMX al punto de inicio de la caminata, sumando el tiempo de desayuno necesario para tener calorías para esta exploración

Al llegar al llano de Xopanac, y adentrarnos al arroyo que nutre al cañón, vimos que este no traía mucha agua, y la poca que había estaba congelada! incluso había pozas cristalizadas de hielo y partes donde era hielo duro con hasta 5 a 10cm de espesor. Al ir bajando más de uno se dió un ranazo al resbalar entre el hielo duro que vierte sobre el cañón.

Entrada al cañón

Cerca de las 13:00 horas comenzamos la exploración, ya todos armados con su equipo de descenso. El primer rapel sería de 12 metros aproximadamente, donde el agua por el paso del tiempo había erosionado completamente la roca, dándole una forma tubular. Al descender pudimos observar diversas cuevas bajo las paredes del cañón. Las paredes del cañón poco a poco se iban encañonando y llegaban a tener hasta más de 30 metros de altura en algunas partes.

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Después del primer rapel pudimos avanzar como 800 metros entre rocas y la hierba crecida, las cuevas y las formaciones rocosas dentro del cañón hacían amenos el paisaje, aunque comenzaba a pensar que no habrían más rapeles y que aquella exploración no daría para más. Así hasta que encontramos otro rapel de casi 19 metros, el cuál los primeros 8 metros eran descender por la pared de la cascada y los otros 11 metros eran volados. Al bajar había una pocita congelada y el terreno alrededor estaba escarchado. Aquella formación rocosa de la cascada era como una gran boveda con un boquete en medio por la erosión provocada por el agua que ahí cae.

Enseguida de esa cascada, había otra pared de 5 metros para rapelear. La cual estaba completamente lodosa, por lo cuál fue muy resbalosa para rapelear.

El avance continuó entre rocas y troncos, haciendo un par de destrepes, que aunque estaban resbalosos por el terreno congelado, era factible bajarlos sin cuerda, aunque en época de lluvias seguro se necesitarían cuerdas para destreparlos. Así hasta llegar a otro rapel de 5 metros.

En el quinto rapel, había que pasar por arriba de un arco de roca, para luego rapelear por esta roca y sortear dos pozas, las cuáles ya no estaban congeladas, pero el agua estaba muy fría, podría decir que alrededor de 4 grados centígrados. Por confiado, la ruta la iba grabando con mi celular, ya que al no ser temporada de lluvia, el cañón no había caudal, pero al intentar brincar la poza, resbalé y caí dentro de esta, la cuál me llegó fácilmente hasta la cintura, mojándose completamente mi celular, el cuál a pesar de lo mojado que quedó, para mi suerte al día siguiente pudo volver a funcionar.

Los otros compañeros había logrado sortear aquella poza sin problema, yo estaba completamente mojado y sentía el frío por haber caído en esa poza de agua casi congelada.

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Seguimos avanzando entre rocas y troncos, destrepando, bordeando y rapeleando algunas otras pozas más para evitar caer al agua helada.

Así hasta llegar al penúltimo rapel, eran ya casi las 5 de la tarde, en ese momento no teníamos información sobre el lugar, caminos cercanos, brechas, cuanto tramo nos faltaba para un escape, cuantos rapeles podríamos encontrar, etc., nuestra exploracion era a obscuras por así decirlo, por lo que el guía decidió no poner un anclaje mecánico y usar un método de fortuna, anclando a un tronco, ya que pudiéramos necesitar baterías del taladro y placas en rapeles más abajo.

Aquel rapel era dos partes, bajando por una rampa que llegaba a una repisa y de ahí continuaba el rapel para llegar a la parte baja de la cascada. Un rapel corto de 12 metros aprox. Al bajar los 4, procedimos a recuperar la cuerda, pero al hacerlo, uno de los nudos de fortuna de uno de los extremos de la cuerda quedó atorado en una parte de la roca y no había forma de recuperar la cuerda, se hizo todo para poder desbloquearlo pero nada, jalarlo, colgarse de el, latigarlo, etc., así que Arturo comenzó a subir por la cuerda para intentar desbloquear la cuerda y poder recuperarla, aunque primero se intentó escalar por la pared de la roca, pero por lo resbalosa y lo extraplomada que estaba, era muy difícil hacerlo. Subir por la cuerda era una maniobra muy riesgosa, pues si la otra punta de la cuerda se llegaba a desbloquear, Arturo caería libremente por la cuerda de rapel, ya que no habría nada que bloqueara el rapel, en mi punto de vista era una decisión y maniobra altamente riesgosa, pero no había opción pues las paredes del cañón eran casi de 20 a 30 metros por ambos lados y no había otra forma de regresar a la parte alta de la cascada, afortunadamente pudo subir por la cuerda unos 6 metros para llegar a la repisa y ya de ahí liberar la cuerda, volver a ajustar la cuerda y ahora si, al terminar de rapelear ya se pudo recuperar la cuerda.

Salida del cañón

Eran ya las 5.30, habíamos descendido casi 300 metros de desnivel por el cañón a lo largo de casi 2km, temía que la noche nos agarrara dentro del cañón y que este se prolongara.

Así continuamos progresando a través de este terreno rudo de montaña, tocó bajar por una parte que aunque fue fácil destrepar para Arturo & Gustavo, había una grieta que no era fácil sortear, así que ante mi habilidad de bolillo mojado no quise arriesgar por lo que coloqué una cuerda doble solo para librar ese tramo.

Al ir avanzando a unos 200 metros más adelante pudimos encontrar un sendero muy marcado el cuál atravesaba de norte a sur, el cañon bajaba de oriente a poniente. Aunque daban ganas de continuar bajando por el cañón para seguir explorando, por la hora, decidimos terminar hasta ahí y seguir el sendero para encontrar una ruta de descenso que nos llevara hasta el pueblo de Amecameca.

Seguimos el sendero, pero metros más adelante vimos una brecha que descendía bordeando el cañón, nuestra curiosidad de saber hasta donde llegaba esa brecha y ver si daba con la salida del cañón, nos hizo seguirla, aunque eso nos haria desviarnos, pues el sendero iba en dirección sur y aproximadamente en 2km podríamos encontrar con el camino de descenso. Así que decidimos bajar por la brecha, y pudimos observar que el cañón más abajo se iba encañonando, por lo que seguramente más abajo se hacían más cascadas con largos rapeles.

Para nuestra fortuna, aquella brecha se fue abriendo en dirección sur y 4km después topó con nuestro camino de ascenso, donde pudimos ya bajar hacia el punto donde se había dejado el auto, no sin antes del último kilómetro de nuestra aventura tuvimos que prepararnos para pasar por un lugar donde hay como 6 perros muy bravos, que en el ascenso por la mañana se nos avalanzaron con intención de no ser nada amigables, los palos no los asustaban que al rodearnos tuvimos que lanzarles rocas para ahuyentarlos, pues la cara rabiosa de aquellos canes no se veían muy amables.

Una exploración de mucho aprendizaje, a veces este tipo de exploraciones nos lleva a descubrir lugares increíbles(como el cañón de la escondida que pudimos explorarlo y abrirlo apenas hace unos meses), a veces no se encuentra nada, más que largas caminatas sin hallar nada espectacular, otras más se adentra en terreno rudo y salvaje que no niego por segundos se llega a pensar si podremos salir ilesos de ahí, afortunadamente esta exploración tuvo de todo un poco, larga caminata, terreno agreste, agua congelada, rapeles entretenidos, terreno técnico, paisajes mágicos pero sobre todo el poder descubrir terreno desconocido y salir ileso de ahí con ánimos de seguir aprendiendo, descubriendo y explorando nuevos lugares para después compartirlos para quien se anime y se atreva a explorar. Una exploración que nos enseñó mucho y nos sirve de preparación para una exploración mucho más ruda que tenemos ya en manos por un lugar que aún no ha sido explorado. ?

Gracias a todo el equipo de #CañonerosTodoTerreno por compartir pasos en esta aventura.

#SiTienesMiedoHazlo #AtreveteAExplorar

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