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Una de las rutas de cañonismo más frías que se pueden hacer en México, es el cañón de las cascadas Diamante, el cuál comienza desde los 3,450 msnm y culmina con la cascada del negro a los 3,100 msnm.

Para llegar a la entrada de este cañón hay que ascender cerca de 850 metros de desnivel a lo largo de 8.5 km, lo que nos llevó un tiempo aprox de dos horas a través de senderos verticales y brechas zigzagueantes cargando todo el equipo de cañonismo, cuerdas y fierros necesarios para armar los anclajes que se necesitaran durante la aventura para no quedar cortos y no quedar atrapados en el cañón.

Gustavo, nuestro guía del grupo de cañón #CañonerosTodoTerreno sería quien nos guiaría a través de todo el recorrido, a pesar que él y nosotros cuatro(Alan, Angel, Arturo y yo) no conocíamos el cañón, solos teníamos como referencia una topografía hecha en el 2007 por uno de los exploradores de cañón más experimentados de México, Ramón Espinasa.

Las cascadas “Diamantes” son unas de las cascadas más hermosas de la Iztaccíhuatl y de las más visitadas, a pesar del complicado camino para subir hasta el pie de estas cascadas, aunque no muchos han recorrido el cañón que antecede a estas cascadas y a las cascadas que hay a lo largo del recorrido de este cañón.

Así que después de un recorrido de casi 4 horas, rapeleando diversas cascadas, destrepando entre troncos y cascadillas y desescalando rocas resbalosas, llegamos al borde de la cascada más chica de las Diamantes, con una altura de 55 metros.

Después de completar el descenso, continuamos bajando por el cauce del arroyo, para seguir por un sendero y concluir esta aventura en el pueblo de San Rafael Tlalmanalco, donde una sopa azteca y una cerveza fueron el mejor aliciente para recuperar energías después de la aventura lograda.

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