Los cuatro rumbos cardinales de la civilización Anahuaca

Los cuatro rumbos en la civilización Anahuaca, para que no pierdas el norte en tus caminatas 😉

La antigua civilización Anahuaca (la cuál inicia en el periodo preclásico en el año 6,000 a.c. y que concluye en 1,521 d.c. con la toma de Tenochtitlan) dentro de su simbología, tenía el quinqunce, que en latín hace referencia a la geometría formada por 4 puntos que dibujan un cuadrado, y al centro del mismo un quinto elemento, también conocido en la cultura Mexica(1325-1521) como Nahui Ollin del náhuatl nahui-cuatro y ollin-movimiento.

quincunce - cuatro rumbos de la cultura anahuaca

El quinqunce hace referencia a los 4 rumbos de la existencia los cuáles eran nombrados de la siguiente manera.

El norte era conocido como Mictlampa, el lugar obscuro de la eterna quietud y descanso, desde el Mictlampa nos asisten nuestros ancestros que forjaron nuestra Cultura, de los cuales dan su consejo para lograr trascender en esta vida de la cual somos sujetos.
En la toltecayotl(filosofía milenaria anahuaca) esta parte en el quinqunce se relacionaba con la parte de la cintura a la cabeza del ser humano, que simboliza el Cielo, la cual a su vez es representada con el ave de más bello plumaje, el Quetzal, en conjunto estos símbolos se asocian al Espíritu.

El sur era conocido como Huitztlampa, en náhuatl: huitztlampa, “desde el lugar del sur” huitz, sur; titlan, lugar; pam, desde. En la toltecayotl esta parte del quinqunce se relacionaba con la cintura a los pies, que simboliza la Tierra, que a su vez, se representa con la serpiente que repta sobre la Madre Tierra y que en lengua náhuatl se nombra Cóatl y hacía referencia a lo material.

El oriente era llamado Tlahuiztlampa (en náhuatl: tlahuiztlampa, “dirección del lugar del amanecer” tlahuizcalehua, el amanecer; tlan, lugar; pa, dirección’) es el punto cardinal que indica el Oriente, es el punto de donde se recibe el consejo de los ancestros, y es a través de ellos que se conectan con Quetzalcóatl, serpiente hermosa’; siendo quetzalli: ‘hermoso’; y coatl: ‘serpiente’) que aprendió a volar por medio de la sabiduría preciosa, éste guardián del Tlahuiztlampa, el oriente, se erige como el carrizo a fin de ascender toda su energía creadora hasta los mundos suprasensibles, lo representa el atecocolli (caracol), símbolo de la evolución constante, con el que se asiste para desarrollar la sabiduría que ha de guiar las vidas, su mayor manifestación es el rayo de luz primigenio, que muestra los misterios del universo y enseña la manera correcta de vivir para llegar a ser un verdadero macehualli (un hombre merecido) sobre esta tierra, sobre el tlalticpac, lugar donde la realidad es cambiante y perecedera del mundo.
Esta parte en la toltecayotl era relacionada con el hemisferio izquierdo del cerebro, la cuál era llamada «nahual», la cuál está asociada a la parte lunar, pasiva, húmeda, invisible y sobre todo al uso de la “intuición”.

El poniente, donde se oculta el sol era conocido como Cihuatlampa (en náhuatl: cihuatlampa, “desde el lugar de las mujeres”: cihuatl, mujer; titlan, lugar; pam, desde’) este punto cardinal que indica el Oeste, es donde se creía iban las mujeres que morían durante el parto, iban al cielo al lugar donde se pone el sol. Por lo que al dios del viento del Oeste o poniente le llamaban Cihuatlampa-Ehécatl o Cihuatecayotl, “viento de donde habitan las mujeres”, según Sahagún, no es furioso, pero es frío, hace temblar y tiritar, y con él bien se navega.
En la toltecayotl esta parte era relacionada con el hemisferio derecho del cerebro llamada «tonal», que está asociada a la parte solar, masculina, activa, seca, visible y sobre todo al uso de la “razón” para percibir el mundo.

Así que nunca pierdas el mictlampa en tus caminatas, recuerda que el sol sale del Tlahuiztlampa y se oculta en el Cihuatlampa, no vaya a ser que termines perdido con rumbo al Huiztlampa. 😉