Trekking de montaña: La Joya-Cascadas de la Iztaccíhuatl-Amecameca

Este domingo 19/01/2020 32 senderistas nos aventuramos por una bonita caminata de montaña poco conocida a través de una ruta de naturaleza pura, para visitar las diversas cascadas que escurren por las múltiples cañadas que se generan en la vertiente occidental de la Iztaccíhuatl como son Alcalican, Amilpulco, Ayoloco y Hueyatlaco.

Esta caminata como todas las que hemos hecho en los últimos cinco años no tuvo costo, el único requisito para asistir, es que tuvieran experiencia en media montaña y que hicieran una buena obra durante esta semana para donar ropa, juguetes o comida a personas en situación de calle en su barrio o colonia.

Durante la caminata, la niebla nos cubrió con su espesura, evitándonos admirar la nevada montaña pues la visibilidad era apenas de 15 a 20 metros, una ruta no recomendada para personas sin experiencia, pues no hay caminos marcados, por lo que si no se conocen las cañadas es muy fácil perderse y hasta encañonarse, más cuando la niebla nubla la visibilidad del caminante. El objetivo inicial era culminar esta aventura hasta San Rafael Tlalmanalco, pero el ritmo del grupo era lento, por tema de transporte y horario, al llegar al refugio “Casa de Piedra” en la cañada de Hueyatlaco, se decidió cancelar la ruta hacia San Rafael y de ahí mejor bajar por la cañada de Hueyatlaco, para de ahí internarnos por diversas cañadas donde los senderos se pierden entre la hierba, ramas y troncos caídos para pasar por otros arroyos y cascadas hasta encontrar una brecha de talamontes, para descender entre brechas, terracería y senderos marcados, donde ya una ligera brisa nos bañaba en el descenso, así hasta culminar la aventura en el pueblo de Amecameca.

#LiveTheMountain

Travesía de 100km por la Biosfera de la Sierra Gorda(tercera y última parte)

A las 06:00 a.m. el solemne silencio de la selva era abruptamente irrumpido por el canto repentino de un pájaro que rompía con singular algarabía dando la bienvenida al despertar de la vida en aquella parte de la montaña. Aquel canto del pájaro era como el disparo de una pistola previo a la salida de unos impacientes atletas por dejar toda la fuerza y energía de sus músculos en la pista de carreras, la vida en la selva despertaba para no silenciar ni un segundo durante todo el día mientras los rayos del sol iluminaran la montaña.
Con ese canto también abría los ojos, para despojarme de la bolsa de dormir, abrir la casa de campaña y asomar la cabeza y respirar las partículas frescas que deambulaban en el ambiente madrugador de la montaña. Como pude me calcé las botas, cubriéndome con un rompevientos y un gorro, para salir a recorrer el sendero y revisar aquella zona de la montaña que la noche anterior me había puesto en jaque. La luz ya clareaba el paisaje, medio adormilado avanzaba entre las rocas y las hojas secas que alfombraban el angosto sendero de la montaña.
Al avanzar unos metros por el sendero, el estruendo del caudal del río no pasaba desapercibido, que al levantar la mirada, mis ojos quedaron impávidos ante la belleza que me rodeaba, los dos ríos al unirse formaban lo que parecía un triskel, con pozas de color verde esmeralda, cascadas como largas cabelleras blancas y el verde de la montaña daban a aquel lugar un colorido paisaje que podía jurar era el mismo paraíso, ahí me sentaba con toda calma sobre una roca entre los dos ríos, viendo en 360 grados un espectáculo que hasta que muera mi última neurona podré olvidar, en ese momento imaginé que quizá en un lugar similar Secret Garden se inspiró para componer la melodía Nocturne. Pocas veces sientes tanta alegría y satisfacción por existir y respirar, y este era uno de esos pocos momentos, si hubiera un lugar para meditar, este sería uno de los mejores. La noche anterior pensaba que había sido mala suerte haber acampado ahí y no haber llegado al centro ecoturístico de “Puente de Dios” para cenar un café y unas enfrijoladas con queso, pero las cosas siempre acontecen por un motivo, a veces si se vive con paciencia esta nos recompensará permitiéndonos descubrir al amanecer la magia que ofusca la obscuridad. Después de un rato contemplando la belleza de ese rincón escondido de nuestro planeta regresé al lugar del campamento, para despertar a los compañeros, para que levantaran sus casas de campaña y continuar el camino, había revisado la ruta y aquel río que por la noche lucía amenazador, con luz podía encontrar un lugar más ancho por donde pasar y afable pudiendo fácilmente evitar el tramo angosto donde el río tomaba fuerza e impedía a primera vista poder pasar.
Después de levantar las casas de campaña y tomar algunas fotos con los compañeros de aventura en aquel hermoso Shangri-La, cargamos las mochilas al hombro para comenzar los primeros pasos de aquel tercer día de aventura. Aquel río que por la noche parecía un terrible lugar para pasar, por la mañana era un hermoso paraje por donde nuestros pies se bañaban con el agua que descendía por su caudal. Si algo podía definir la palabra Shangri-La, este lugar era la concepción perfecta.