Cañonismo en el Cañón de Sehuaya, CDMX.

Este domingo 15/02/2020 organizamos una aventura de cañonismo para nuestros followers que siempre nos habían pedido que les compartiéramos una salida de cañón, así que en conjunto con los guías cañoneros experimentados de AdvenTerra, el grupo de #CañonerosTodoTerreno y Gle Noble equipo de alpinismo (marca de equipo de montaña, alpinismo, escalada y cañonismo) preparamos una salida apta para gente que nunca había hecho un rapel, mucho menos un acercamiento al cañón, para que de forma segura pudiera descender por una cascada y descubrir la adrenalina de este deporte de aventura que es el cañonismo.


Gracias a todos los participantes por su buena vibra, esperamos hayan disfrutado de esta salida de cañonismo, y el frío, el miedo y la adrenalina no los hayan hecho desistir de volver a internarse en un cañón y sumergirse en este deporte de aventura.Dsifruten el video completo de esta aventura, etiquétense y compártanlo

Próximamente les compartiremos otra salida de cañonismo

¡Nos vemos en próximas aventuras de montaña!

#AtréveteAExplorar #ViveLaMontaña #Cañonismo #QueChingadosHagoAqui 
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Travesía de 100Km por la biosfera de la Sierra Gorda(2/3)

A la mañana del segundo día de la aventura, al parecer el espíritu aventurero seguía adormilado y sin ganas de madrugar para levantarse e ir a ver el amanecer en el mirador de Cuatro Palos. A las 07:00 a.m. aún se escuchaban algunos ronquidos entre las casas de campaña, no los culpaba, el duro ascenso del día anterior nos había desgastado tanto que un par de horas más se necesitaron para recuperarnos antes de continuar con nuestra larga travesía.
Cerca de las 09:30 a.m. ya estábamos todos con el calzado puesto aunque con los músculos mallugados, a más de uno lo vi con ganas de decir ¡hasta aquí terminamos y ahora a turistear!, pero apenas llevábamos la tercera parte de la ruta, casi 70km de caminata nos faltaban aún, y las montañas en el horizonte animaban a continuar esta aventura para descubrir que había más allá detrás de esas montañas que parecían gigantes inertes que ante su silencio en el horizonte parecían seres en plena meditación, a la distancia animaban a seguir la aventura para trascurrir nuestros instantes de vida entre sus palpitantes raíces de montaña.
Para estirar las piernas y desentumir los músculos, caminamos hacia el obligado mirador de “cuatro palos” donde la belleza de la Sierra Gorda se alcanza a ver de extremo a extremo, pudiendo ver en el poniente el agreste semidesierto que habíamos atravesado el día anterior, mientras al oriente se alcanzaba a ver las infinitas verdes montañas con gran variedad de ecosistemas a lo largo de su extenso territorio, las montañas se veían una tras otras amontonadas en el horizonte ¡Aún había mucho por explorar!
Después de levantar el campamento, nos dispusimos a desayunar, el hambre es una de esas sensaciones únicas que son un placer cuando se puede elegir como saciarla, fue parada obligada hacerlo en el comedor comunitario hecho de tejas, polines, paredes de adobe con puertas y ventanas de madera, donde el rico sazón se esparcía con el humo que salía de la cocina del comedor, la gente encargada del lugar no nos defraudó, unos huevos a la mexicana, con café, pan, tortillas hechas a mano y una salsa roja fue un suculento almuerzo con un sabor campirano único, solo recordarlo se antoja estar ahí para volverlo a disfrutar. Ahí el señor Juan, un albañil que labora en Querétaro entre semana, pero que los fines regresa a su pueblo para estar con su familia, esa mañana estaba en el comedor comunitario, pues ese fin de semana a su esposa le había tocado estar encargada del comedor; él nos comentaba de una ruta para llegar a Puente de Dios, había que llegar por la carretera de la cañada hasta el Tejamanil, de ahí encontrar el sendero que nos llevara al pueblo de “La Barranca”, para luego continuar hasta bajar al río Escanela y bordear el río hasta llegar a “Puente de Dios”. Sus indicaciones parecían fáciles de seguir como receta médica de doctor de farmacia, aunque al no conocer esa ruta de la montaña, sería todo un reto conectar los diversos senderos y no terminar perdiéndonos en la montaña. Después de acabarnos la última tortilla y el último bocado delicioso que nos sirvieron, nos despedíamos de Don Juan y su esposa, habíamos alargado el desayuno por la plática amena con Don Juan, quien nos narraba las aventuras de su infancia caminando por las diversas montañas de su pueblo.
Poco más de las 11 a.m. ya estábamos los nueve aventureros de la montaña con mochila al hombro reunidos con un pie ya sobre el camino. Todos mostraban una sonrisa, una vibra y una energía que parecía ser nuestro primer día de aventura, lucían frescos como gotas de agua en las hojas verdes de una fría mañana en la montaña.
La idea original de la ruta era bajar a la “barranca del plátano”, para luego explorar alguna ruta que nos llevara hasta Pinal de Amoles, para de ahí bajar entre brechas y senderos por Tonatico para llegar al Chuveje y de ahí hasta Jalpan de Serra. Pero al ver el mapa, había que hacer un largo descenso, para luego subir por una ruta vertical y de ahí volver a bajar hasta el Chuveje donde se tenía planeado acampar ese segundo día. La ruta de montaña a seguir no era tan alentadora, contemplando el desgaste físico que habíamos tenido la jornada previa, por lo que revisando el mapa les propuse cambiar la ruta, para hacerla menos fulminante, sería explorar la ruta que Don Juan nos había platicado, una ruta que improvisaríamos pues nadie de nosotros la conocíamos, en la cuál habría que explorar senderos y veredas a través de diversas cañadas, aristas y vertientes, esta ruta alternativa tenía menos ascensos verticales, según mis cálculos viendo las curvas de nivel en el mapa la mayor parte del recorrido sería bajada.
Después de someter a votación la ruta a seguir, todos elegimos ir por la ruta de “la cañada”, la cuál iría por terracería, para luego seguir por sendero para atravesar la carretera federal que va a Pinal de Amoles y continuar entre senderos pasando por atrás de la sierra de Pinal, a través de diversas aristas, rancherías y ríos con el objetivo de llegar ese día hasta Puente de Dios.
Cerca de una hora nos tomó avanzar desde Cuatro Palos hasta la carretera federal a Pinal de Amoles, pasamos algunas rancherías, donde los niños descalzos asomaban por las puertas de sus casas de madera sorprendidos por nuestro andar, un tramo fue seguir el camino de terracería por un bosque de encinos para luego continuar por una vereda que conecta con diversos sembradíos entre los cuáles había también magueyales hasta llegar a la carretera pavimentada a Pinal de Amoles.
Según el mapa había que atravesar la carretera y continuar por una cañada para encontrar un sendero que nos llevara al pueblo de la Barranca, pero después de inspeccionar la zona, no pudimos hallar sendero alguno, por lo que la opción sería avanzar un kilómetro por la orilla de la carretera federal para llegar a una ranchería donde está el cruce para Bucareli.
Ahí fue parada obligatoria para abastecernos de agua y chocolates, la persona de la tienda muy cortésmente nos dio indicios sobre el sendero y la ruta a seguir para llegar al pueblo de “La Barranca”, sus indicaciones fueron que habría que bajar por un sendero de montaña hasta cruzar dos arroyos, de ahí era subir por una vereda hasta llegar al pueblo de “La Barranca”.
El camino estaba un poco resbaloso por la humedad del lugar, un hermoso sendero de montaña con troncos caídos, musgo por doquier, encinos y la frescura de un bosque de montaña, el descenso fue rápido hasta cruzar los dos arroyos, aunque al comenzar la subida hallamos dos caminos, por lo que tomamos el que subía a mano izquierda, aunque este nos llevó solo a un llano, de ahí no se veía más camino para seguir, al parecer era una zona donde llevan a pastar a sus animales las personas del lugar.
Desde ahí según el mapa, 500 metros de desnivel más arriba estaba una brecha que lleva al pueblo de La Barranca, aunque era trepar entre la palizada, por lo que desistimos, pues no queríamos meternos en terrenos privados que no conocíamos, prefiriendo evitar algún desencuentro con las personas del lugar, por lo que decidimos bajar hasta encontrar otro sendero, el cuál iba en horizontal por toda la vertiente atravesando diversas trancas de madera, hasta que más adelante pudimos divisar algunas casas del pueblo de la Barranca.
500 metros antes de llegar al pueblo, vimos otro camino muy marcado, era un camino real, algunos amigos ya se habían adelantado hacia La Barranca. Revisando el mapa, ese sendero parecía llevarnos al pueblo de Pinal de Amoles, al bajar para inspeccionar esa ruta pude confirmarlo al encontrar a un señor con dos de sus hijas de 12 y 9 años, quienes estaban haciendo leña de un árbol caído, el señor un poco extrañado y hasta desconfiado al vernos por ahí nos comentó que aquel sendero bajaba al río y de ahí subía al pueblo de Pinal de Amoles. Estaba pensando seguir esa ruta para retomar la aventura original, aunque lo desestime pues eso nos alargaría más la aventura de aquella tarde prefiriendo continuar con nuestro objetivo alternativo a “Puente de Dios”, por lo que descarté ese sendero y continuamos con nuestro camino a La Barranca.
La Barranca es una pequeña ranchería ubicada al noroeste de Pinal de Amoles, un pueblo ubicado entre ríos, peñas, bosque de coníferas, encinos y sembradíos: principalmente maíz.
Eran casi las 03:30 p.m. no tenía ni idea sobre la ruta, llevábamos 16km caminados, solo veía el mapa y podía ubicar “Puente de Dios” aún a varios kilómetros de donde estábamos, pero no sabía que ruta seguir para llegar hasta el lugar, mi experiencia decía que había que encontrar la arista que bajara por toda la montaña para poder llegar al río Escanela, de ahí bordear el río hasta llegar a “Puente de Dios”, al ver el mapa había que ascender por la vertiente hasta llegar a la parte más alta de esa montaña, para de ahí llegar a la meseta y desde ahí tener un mejor panorama de la montaña y encontrar la arista por la cual descender; por las curvas de nivel no se veía tan vertical el descenso de la montaña hacia el río escanela, lo que me hacía pensar que al llegar a la parte alta, ahí seguro encontraríamos alguna ruta marcada que nos bajara hasta el río Escanela. En el mapa, veía que una carretera de terracería llegaba hasta esa parte de la montaña, pero daba mucha vuelta pues iba en ZigZag y aumentaría hasta tres veces el largo del trayecto, por lo que descarté seguir esa carretera y preferí buscar un sendero que nos conectara hasta esa parte de la montaña.
En eso estaba cabilando, cuando entre la crecida milpa, veo salir a una señora de mediana edad acompañada de dos niños, una niña y un cachorrito peludo, al parecer iban a cortar leña, pues en sus manos llevaban un machete y un mecapal. Sin dudarlo, me acerqué para preguntarle si había un sendero que nos llevara hasta la parte alta de la montaña, un poco tímida la señora y quizá hasta desconfiada por nuestra presencia, nos señalaba un sendero a seguir entre los árboles, aunque por las indicaciones que nos dio al parecer esa ruta tenía muchos cruces. Le propuse que ella o alguno de sus hijos nos llevara hasta la parte alta de aquel cerro, para esto le pagaríamos por la guiada hasta esa parte de la montaña, pues esto nos ahorraría algo de tiempo considerando la hora y los más de 15km que estimaba aún nos faltaban hasta “Puente de Dios”. Ella nos dijo que no podía, pues tenía que ir a la leña antes de anocheciera, pero nos dejaría a sus dos hijos Emmanuel y Fabian para que nos guiaran. Emmanuel, el mayor de ellos tiene 17 años, el estudia su bachillerato en el pueblo de Pinal de Amoles y Fabián su hermano menor de 13 años, quien estudia la secundaria. Su perrito de nombre “peluchín” tenía escasas semanas de nacido sería también nuestro acompañante en ese tramo de la aventura. Antes de continuar nuestra caminata, paramos 15 minutos abajo de la cancha de basquetbol del pueblo, para comer algo e hidratarnos, pues aún nos faltaba largo camino por recorrer y el cuerpo necesitaba calorías para seguir nuestras andanzas.
Con el estómago lleno, continuamos nuestro camino. Emmanuel y Fabián nos guiarían hasta la parte superior de la montaña entre los senderos que solo las personas del pueblo conocen. La Barranca es una pequeña ranchería, donde la actividad principal es la agricultura, poca gente se podía observar aquella tarde, algunos hachazos de algún leñador cortando un árbol se escuchaba entre el eco de la montaña al igual que el rebuznar de un burro que por ahí pastaba.
Después de unos cuantos metros caminando por la terracería, justo en una curva nos adentramos por un sendero bastante vertical que iba a través de la vertiente de la montaña, pasando por algunos ranchitos, sembradíos de maguey y maíz, cruzamos algunas trancas, aquella pendiente cansaba nuestros pasos que hasta “peluchín” subía más rápido que nosotros, pues las mochilas cada vez las sentíamos más pesadas durante el ascenso.
Después de casi 2.5km de ascenso llegábamos hasta la parte más alta de esa montaña, ahí nos despedíamos de Emmanuel y Fabián, al mismo tiempo que hacíamos nuestra colecta entre los compañeros para pagarle lo acordado a aquellos dos niños que nos habían ayudado mucho con esa ruta.
Desde esa loma se podía ver el horizonte y la profundidad de la montaña, según el mapa había que descender por toda la arista para encontrar el sendero que nos llevaría directo hasta el “río escanela”. Por mi mente paso el acampar ahí, pues desde ahí se tenía una maravillosa vista de todas las montañas de la Sierra Gorda, se antojaba preparar un café y sentarse a ver el atardecer con la mayor calma del mundo, viendo el colorido de la tarde desfilar lentamente frente a nuestros ojos, aunque rápido se desvaneció esa idea de mi mente pues aún faltaban muchos kilómetros para completar la aventura.
Sin conocer el camino, comenzamos a descender siguiendo toda la arista, pasando por diversas casas que se encontraban muy dispersas entre una y otra. El sol de otoño dejaba mostrar un color dorado sobre el horizonte, que no pasó desapercibido para captar algunas fotos con el lente de mi cámara. Al ir bajando por la arista, encontramos diversos caminos, no sabíamos cuál tomar, afortunadamente a un costado del camino pudimos encontrar a una señora de avanzada edad, quien llevaba una cubeta con nixtamal molido para ir al corral a darle de comer a sus puercos, ahí ella detuvo su labor diaria para atendernos y darnos señal del camino que llevara al río Escanela.
Se divisaba un camino marcado, eso me animaba, pues si así era, sería fácil llegar hasta el río escanela solo siguiendo el camino real por el que comenzábamos a caminar. Eran poco más de las 5 p.m. si no había algún imprevisto calculaba a lo mucho 3 horas para llegar hasta “Puente de Dios”, solo nos quedaba una hora de luz y el resto sería caminarlo bajo la noche. Rápidamente pasamos por el costado de un templo hecho de madera, habían apenas unas cuantas casas apostadas sobre aquella arista, donde para corroborar nuestra ruta le preguntamos a una persona que en ese momento estaba sentada afuera de su casa desgranando unas mazorcas sobre un canasto de carrizo.
Minutos más tarde al continuar nuestro camino sobre la arista, nos alcanzó Don Antonio, un señor de casi 70 años poblador de aquella ranchería, si no mal recuerdo creo que aquel lugar se llama Rancho Guadalupe, Don Antonio iba cabalgando en un viejo caballo algo amartillado por la vida; nos comentaba que cada tarde baja para llevar a beber agua a sus animales quienes pastan más abajo. Detrás de él, su fiel amigo de cabalgatas, “güero”, nombrado así por el color de su pelaje.
A pesar de nuestro avance lento, Don Antonio cabalgando iba a nuestro paso, contándonos sobre el lugar, a donde llevaban los caminos que cruzaban nuestro andar, aunque me sorprendió que a pesar de todo el tiempo que lleva viviendo ahí Don Antonio, nos contó que él nunca había bajado a “puente de Dios” para conocer el lugar.
El camino seguía por toda la arista, cruzamos dos trancas bardeadas con rocas apiladas, contándonos que se ponían trancas para que el ganado no se escapara, indicándonos que gran parte de esos terrenos de la montaña eran suyos. Al cruzar la tercer tranca Don Antonio se despide de nosotros, dándonos algunas indicaciones del camino a seguir, recomendándonos que al cruzar las trancas las volviéramos a cerrar como estaban para que ningún animal traspasara más allá de cada tranca.
Rápidamente Don Antonio tomaba otro camino, galopando con una habilidad que parecía tener menos de 20 años, atrás de él su fiel amigo el “güero” siguiendo el galope de aquel cuaco perdiéndose juntos entre la arbolada de la montaña como fantasmas de la noche. Al ir bajando por esa arista, el paisaje que teníamos en el horizonte era de película, en mi mente pensaba cuantas historias se tejían entre esas montañas, detenerse unos segundos para captar tales cuadros de montaña con la cámara era más que necesario para el respiro del alma.
Poco a poco la luz del día se iba apagando, las luces de algunas rancherías se veían en el horizonte, del otro lado de las montañas ¿Cuanto amor o cuantas penas habría entre aquellas casas que las luces dibujaban en el horizonte?. Cruzamos algunas trancas más, obedeciendo las recomendaciones de Don Antonio las cerrábamos al pasar.

El horizonte pronto se cubrió con un velo obscuro, por lo que hubo que sacar las lámparas frontales de las mochilas para poder continuar nuestro camino.
Al ir bajando por la montaña, al ver del otro lado sobre la ladera, observábamos también lámparas avanzando por la vertiente de la montaña, dos iban adelante y como 500 metros atrás iba otra, no sé si eran también caminantes aventureros como nosotros o pobladores que subían a sus pueblos después de una jornada agrícola, pues más arriba del otro lado de la montaña al parecer hay más pueblos como San Gaspar o la ranchería de “Agua Enterrada” entre otros poblados que no logro ubicar.
Al seguir bajando se me hizo raro ver montaña del otro lado, pues según el mapa deberíamos llegar directo al río “Escanela” y encontrar de frente la cañada hacia “puente de Dios”, pero estábamos bajando a otro río donde toparíamos con la pared del otro lado de la montaña. Al ver el GPS para revisar mi ubicación, pude ver que efectivamente estábamos rodeando la montaña y estábamos bajando directamente a otro río, el cuál ya se escuchaba muy cerca, después supe que estábamos bajando a un cañón conocido como “La Barranca”.
Tuvimos que regresar y subir como 1.5km para encontrar el otro sendero a mano derecha que baja por la arista, efectivamente más arriba habían dos cruces de sendero, el que habíamos seguido y que baja al cañón de la barranca y otro que más abajo bifurca con un sendero que viene de Pinal de Amoles. Después de corregir la ruta, continuamos descendiendo. La noche era nuestra compañera de camino, estábamos a 2000 msnm y había que bajar otros 800 metros en 9 km más para llegar a “Puente de Dios”.
El camino estaba muy erosionado, nuestro avance era lento, no solo por el cansancio acumulado y el peso de la mochila, también por la cantidad de roca suelta que había en el camino de bajada. A mitad de la bajada íbamos, cuando escuchamos relinchar un caballo y ladrar un perro, metros más abajo pudimos ver una casa a mitad de la nada, un par de perros poco acostumbrados a las visitas salieron ladrando a nuestro encuentro, rápidamente unas personas que ahí habitaban salieron con lámparas para ver quien andaba por sus caminos, nunca hubiera imaginado que a mitad de la nada hubiera personas habitando en aquella lejana y agreste zona de la montaña. No quise preguntar más, pues dicen que la curiosidad espantó al gato, así que después de saludar, para romper el hielo solo preguntamos si íbamos por el camino correcto para “puente de dios”, recibiendo una confirmación por parte de aquella familia que no las pudimos ver bien, por la obscura noche y por sus lámparas que nos encandilaban.
El camino que bajaba por aquella arista, era un interminable zig zag, si de bajada se nos hacía pesado, no imaginaba cuando alguien subía por ahí. Conforme íbamos perdiendo altura, la vegetación iba cambiando, haciéndose más espesa la vegetación, que los senderos poco a poco se desdibujaban, apenas pudiéndose ver entre la noche y las hierbas. En tiempo de calor, esos senderos seguro eran más peligrosos, por las serpientes que por ahí pudieran haber, pues ya estábamos en tierra caliente a casi 1,200 msnm.
Cerca de las 07:30 p.m. llegábamos al río, esto de momento me tranquilizó, pues según el mapa había solo que encontrar el camino que bordeara aquel río hasta llegar al punto donde sería nuestro campamento en ese segundo día de aventura, pasando antes por el hermoso y turístico “Puente de Dios”. Aquel río que nos encontramos no nos llegaba ni a las rodillas, por lo que suponía que no representaría peligro seguirlo. Al ver el mapa en el GPS, observaba que había que seguir toda la cañada a lo largo de 5 o 6km para culminar el segundo día de caminata y llegar al punto de campamento. En mi mente ya imaginaba unos huevos estrellados, unas enfrijoladas con salsa roja, un café y un pan, comida que seguro podríamos encontrar en el hotel ubicado a la entrada de “puente de dios”, calculaba menos de una hora de camino para llegar a aquel lugar.
Al bajar todos al río, continuamos nuestro camino tratando de hallar el sendero que bordeaba el río, aunque 100 metros más adelante una situación inesperada nos tomó por sorpresa. El río ya venía en sentido contrario, al intentar cruzarlo noté que me llegaba poco más arriba de la cadera. La lámpara alcanzaba a iluminar aquel cauce del río, por la obscuridad no alcanzaba a ver el otro borde del río, calculaba que tenía unos 10 metros de ancho, aparte que lucía con mucho más corriente del que habíamos visto minutos atrás. En ese momento no pude encontrar explicación como el río metros más atrás nos llegaba arriba de los tobillos con apenas 4 o 5 metros de ancho y metros más adelante era un río con mucho más caudal que venía en sentido contrario. Por la espesa noche y la crecida vegetación era difícil ver el caudal del río, pero sobretodo ver por donde cruzar para seguir la ruta a nuestro destino. Al ver el mapa, pude ver que eran dos ríos diferentes, el primer río que encontramos viene de Pinal de Amoles a través de los cañones de “Agua Fría”, y el segundo río con más caudal era el mismo río al que más arriba nos estábamos desviando y desciende por el cañón de la barranca.

En ese momento no supe que hacer, tenía muchas dudas, pues si el río estaba así de crecido, sería difícil cruzarlo o seguirlo para llegar hasta “Puente de Dios”. Por la noche no se podía ver mucho, y el ensordecedor caudal del río era intimidante. Estaba un poco ofuscado, pues estábamos a mitad de dos ríos, en medio de la cañada, la selva descansaba a nuestro alrededor, el canto de los grillos daban una atmósfera de naturaleza salvaje pura a nuestra aventura. Tan cerca y tan lejos de esas enfrijoladas con huevos estrellados. Mis compañeros se me quedaban viendo para saber que hacer. Después de meditar opciones, decidí esa noche acampar sobre el sendero, “puente de dios” estaba relativamente cerca, pero por la noche no podría arriesgar a cruzar el caudal de un río que no conocía.

Esperaría a la mañana siguiente para revisar opciones, aunque en mi mente tenía el temor que hasta ahí nuestra aventura terminara debido a que no podríamos continuar por la crecida del río y surgía la posibilidad de abortar la aventura y tener que regresar por aquella interminable bajada.

Después de montar las casas de campaña, nadie se quedó afuera para contemplar un rato más la noche y alargarla con una conversación efímera e intrascendente. Quizá el cansancio de aquella jornada obligó a cada uno de los caminantes a meterse a su casa de campaña, dejando que el espeso silencio de la noche y la selva los arrullara.
Yo no podía dormir, en mi mente barajeaba varias opciones, me puse mis audífonos para calmar mi ansiedad, mientras sonaba una melodía calmada en mi lista musical recordaba una de tantas narrativas del budismo, donde recitaba que en los momentos de más riesgo y peligro, nuestro espíritu desde el plexo solar nos deja mostrar inconscientemente la solución al que se enfocara nuestra meditación.
Afortunadamente cargaba con cuerda, cintas tubulares, mosquetones y equipo de descenso, en caso que fuera necesario armar un sistema de aseguramiento para cruzar aquel río. No me di cuenta cuando el sueño me venció. Cerca de las 3:30 a.m. desperté, los audífonos aún seguían sonando, esperaba con ansias que ya amaneciera para levantarme para buscar la forma de salir de ahí y continuar con nuestra aventura. Pero había que intentar dormir unas horas más y esperar la llegada del amanecer para aclarar la mente y despejar la incertidumbre.
Continuará…

Travesía de 100Km por la biosfera de la Sierra Gorda(1/3)

Eran poco más de las siete de la mañana del tercer sábado de Noviembre, cerca de cinco horas y media nos había tomado viajar desde la Ciudad de México hasta el punto de inicio de nuestra aventura, estábamos a mitad del semidesierto, con la intención de cruzar gran parte de la biósfera de la Sierra Gorda de Querétaro. Por logística habíamos decidido salir en la madrugada del sábado desde la central del norte para optimizar tiempos y economizar los gastos de la aventura, así varios podrían concluir sus actividades de trabajo de la semana.

El plan sería dormitar en el autobús lo que se pudiera durante el viaje, para así desde el sábado temprano comenzar nuestra aventura.

La biósfera de la Sierra Gorda es una reserva natural protegida que se encuentra justamente en el corazón de México, abarcando una tercera parte del estado de Querétaro, siendo la séptima en extensión de las reservas que existen en el país, pero siendo la que tiene mayor diversidad de ecosistemas.

Esta reserva dentro de sus ecosistemas cuenta con matorral xerófilo, bosque tropical caducifolio, bosque tropical sub-caducifolio, bosque mesófilo de montaña, bosque de encinos, bosque de coníferas, bosque mixto de coníferas-encinos, vegetación acuática y sub-acuática.

Un año y medio antes en compañía de Astrid y Henrike habíamos intentado hacer esta travesía, pero la premura y poca planeación nos llevó a solo avanzar apenas 5km y rendirnos ante la naturaleza, pues nos habíamos aventurado en el mes de Mayo, no previniendo la temporada de estiaje y el calor que azotaría justamente ese fin de semana, llegando a casi 40 grados centígrados, que terminamos fulminados en las dos primeras horas de caminata, pues somos acostumbrados caminantes de montaña donde las temperaturas no son ni la mitad de lo que aquel día de mayo imperaba bajo el astro dominante, aquella vez resentimos la insolación de inmediato, que nuestro intento quedó apenas ahogado con unos tragos de cerveza bajo la sombra de un guamuchil antes de dar vuelta atrás.
Pero el anhelo de completar la travesía estaba latente, aquella primera vez no fue del todo un fracaso, sirvió para tener mejor idea a que nos enfrentaríamos y regresar en algún futuro con mejor planeación que con solo un burdo intento de enfrentar a estos grandes titanes con apenas nuestros pies de hojas frágiles de primavera.
Los nueve caminantes que ahora se enfilaban a esta aventura: Astrid, Lizbeth, Salus, Pablo, Roberto, Enrique, Marcelino, Angel y yo Fileín Rommel como guía; apenas habíamos podido dormir, aunque esa mañana el hambre era más seductora que el frío y morfeo, por lo que al bajar del autobús, como la brújula al norte magnético nuestra mirada inmediatamente buscó ser atraída por el primer letrero que dijera comida, no fue fácil, menos a mitad del semidesierto.
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5 rutas aún seguras de senderismo cerca de la Ciudad de México e iniciar con la práctica del montañismo.

En la actualidad debido al estrés laboral , el tránsito, los embotellamientos,  las grandes filas en las tiendas de autoservicio y un largo etcétera gracias a diversos factores provocados por vivir en una gran ciudad, genera muchas veces esa necesidad de desear escaparse  a la montaña.

Es por ello que aquí compartimos 5 parques naturales donde aún se puede ir a realizar senderismo aún de forma segura para entrar en contacto con la naturaleza, respirar aire puro, ver manantiales  y desconectarse por un rato de la ciudad.

Cascada Burbuja en Amecameca.
En las faldas de la Iztaccíhuatl, entrando por Amecameca, hay múltiples  senderos de bosque que conducen a diversas cascadas y arroyos, entre los senderos más disfrutables, está el sendero que conduce a la cascada de la Burbuja, un sendero que va bordeando todo el arroyo que desciende de la cañada de Hueyatlaco, un sendero muy angosto rodeado de árboles, donde el sonido del caudal hace relajante la caminata, así hasta internarse en la cañada donde en tiempos de lluvia, por la humedad, el verde de la montaña reluce por doquier.  Para llegar a este sendero, hay que llegar al pueblo de Amecameca, de ahí seguir la calle de insurgentes hasta llegar al camino al CIDEM, esta brecha nos conducirá hasta un estacionamiento donde podrá dejarse el auto y de ahí continuar por el sendero que rodea el arroyo para llegar a la hermosa “cascada de la burbuja”. Se le denomina “cascada de la Burbuja”, ya que por la erosión en la montaña provocada por la caída del agua, ha creado como una burbuja.

La imagen puede contener: planta, árbol, exterior, naturaleza y agua

Aquí les comparto una de tantas rutas ara llegar a esta cascada de la Burbuja.

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