Travesía de 100km por la Biosfera de la Sierra Gorda(tercera y última parte)

A las 06:00 a.m. el solemne silencio de la selva era abruptamente irrumpido por el canto repentino de un pájaro que rompía con singular algarabía dando la bienvenida al despertar de la vida en aquella parte de la montaña. Aquel canto del pájaro era como el disparo de una pistola previo a la salida de unos impacientes atletas por dejar toda la fuerza y energía de sus músculos en la pista de carreras, la vida en la selva despertaba para no silenciar ni un segundo durante todo el día mientras los rayos del sol iluminaran la montaña.
Con ese canto también abría los ojos, para despojarme de la bolsa de dormir, abrir la casa de campaña y asomar la cabeza y respirar las partículas frescas que deambulaban en el ambiente madrugador de la montaña. Como pude me calcé las botas, cubriéndome con un rompevientos y un gorro, para salir a recorrer el sendero y revisar aquella zona de la montaña que la noche anterior me había puesto en jaque. La luz ya clareaba el paisaje, medio adormilado avanzaba entre las rocas y las hojas secas que alfombraban el angosto sendero de la montaña.
Al avanzar unos metros por el sendero, el estruendo del caudal del río no pasaba desapercibido, que al levantar la mirada, mis ojos quedaron impávidos ante la belleza que me rodeaba, los dos ríos al unirse formaban lo que parecía un triskel, con pozas de color verde esmeralda, cascadas como largas cabelleras blancas y el verde de la montaña daban a aquel lugar un colorido paisaje que podía jurar era el mismo paraíso, ahí me sentaba con toda calma sobre una roca entre los dos ríos, viendo en 360 grados un espectáculo que hasta que muera mi última neurona podré olvidar, en ese momento imaginé que quizá en un lugar similar Secret Garden se inspiró para componer la melodía Nocturne. Pocas veces sientes tanta alegría y satisfacción por existir y respirar, y este era uno de esos pocos momentos, si hubiera un lugar para meditar, este sería uno de los mejores. La noche anterior pensaba que había sido mala suerte haber acampado ahí y no haber llegado al centro ecoturístico de “Puente de Dios” para cenar un café y unas enfrijoladas con queso, pero las cosas siempre acontecen por un motivo, a veces si se vive con paciencia esta nos recompensará permitiéndonos descubrir al amanecer la magia que ofusca la obscuridad. Después de un rato contemplando la belleza de ese rincón escondido de nuestro planeta regresé al lugar del campamento, para despertar a los compañeros, para que levantaran sus casas de campaña y continuar el camino, había revisado la ruta y aquel río que por la noche lucía amenazador, con luz podía encontrar un lugar más ancho por donde pasar y afable pudiendo fácilmente evitar el tramo angosto donde el río tomaba fuerza e impedía a primera vista poder pasar.
Después de levantar las casas de campaña y tomar algunas fotos con los compañeros de aventura en aquel hermoso Shangri-La, cargamos las mochilas al hombro para comenzar los primeros pasos de aquel tercer día de aventura. Aquel río que por la noche parecía un terrible lugar para pasar, por la mañana era un hermoso paraje por donde nuestros pies se bañaban con el agua que descendía por su caudal. Si algo podía definir la palabra Shangri-La, este lugar era la concepción perfecta.

Travesía de 100Km por la biosfera de la Sierra Gorda(1/3)

Eran poco más de las siete de la mañana del tercer sábado de Noviembre, cerca de cinco horas y media nos había tomado viajar desde la Ciudad de México hasta el punto de inicio de nuestra aventura, estábamos a mitad del semidesierto, con la intención de cruzar gran parte de la biósfera de la Sierra Gorda de Querétaro. Por logística habíamos decidido salir en la madrugada del sábado desde la central del norte para optimizar tiempos y economizar los gastos de la aventura, así varios podrían concluir sus actividades de trabajo de la semana.

El plan sería dormitar en el autobús lo que se pudiera durante el viaje, para así desde el sábado temprano comenzar nuestra aventura.

La biósfera de la Sierra Gorda es una reserva natural protegida que se encuentra justamente en el corazón de México, abarcando una tercera parte del estado de Querétaro, siendo la séptima en extensión de las reservas que existen en el país, pero siendo la que tiene mayor diversidad de ecosistemas.

Esta reserva dentro de sus ecosistemas cuenta con matorral xerófilo, bosque tropical caducifolio, bosque tropical sub-caducifolio, bosque mesófilo de montaña, bosque de encinos, bosque de coníferas, bosque mixto de coníferas-encinos, vegetación acuática y sub-acuática.

Un año y medio antes en compañía de Astrid y Henrike habíamos intentado hacer esta travesía, pero la premura y poca planeación nos llevó a solo avanzar apenas 5km y rendirnos ante la naturaleza, pues nos habíamos aventurado en el mes de Mayo, no previniendo la temporada de estiaje y el calor que azotaría justamente ese fin de semana, llegando a casi 40 grados centígrados, que terminamos fulminados en las dos primeras horas de caminata, pues somos acostumbrados caminantes de montaña donde las temperaturas no son ni la mitad de lo que aquel día de mayo imperaba bajo el astro dominante, aquella vez resentimos la insolación de inmediato, que nuestro intento quedó apenas ahogado con unos tragos de cerveza bajo la sombra de un guamuchil antes de dar vuelta atrás.
Pero el anhelo de completar la travesía estaba latente, aquella primera vez no fue del todo un fracaso, sirvió para tener mejor idea a que nos enfrentaríamos y regresar en algún futuro con mejor planeación que con solo un burdo intento de enfrentar a estos grandes titanes con apenas nuestros pies de hojas frágiles de primavera.
Los nueve caminantes que ahora se enfilaban a esta aventura: Astrid, Lizbeth, Salus, Pablo, Roberto, Enrique, Marcelino, Angel y yo Fileín Rommel como guía; apenas habíamos podido dormir, aunque esa mañana el hambre era más seductora que el frío y morfeo, por lo que al bajar del autobús, como la brújula al norte magnético nuestra mirada inmediatamente buscó ser atraída por el primer letrero que dijera comida, no fue fácil, menos a mitad del semidesierto.
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