Erosión de nuestras montañas

Erosión del suelo de nuestras montañas.

En nuestras caminatas, una de las principales recomendaciones que hacemos es no salirse de los caminos, esto por la principal razón de no erosionar más la montaña.

Pocos entienden esto, incluso algunos no obedecen las indicaciones y muchas veces por no empolvarse, les es fácil caminar entre el pasto y la hierba de la orilla del camino, que a veces al indicarles que sigan por el camino marcado lo toman a mal y creen que es excesiva la llamada de atención. Pero en verdad, estos es más grave de lo que se imaginan y aquí les contamos con toda calma porqué.

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El suelo fértil es una delgada capa que puede llegar a tardar en crecer apenas un centímetro en cientos de años incluso puede tomar hasta miles de años para poder formarse.

El suelo fértil tiene complejas y variadas mezclas de componentes orgánicos e inorgánicos y sobre él se desarrolla la vida vegetal y animal de diversos ecosistemas. Apenas el 12% de la superficie de nuestro planeta es suelo fértil para cultivo, pero debido a la tala inmoderada, la ampliación urbana, el pastoreo, la siembra y la contaminación, entre otros factores, este porcentaje de terrenos fértiles cada día va disminuyendo.

En época de estiaje como la actual, los suelos de nuestras montañas son verdaderamente mucho más frágiles de lo que podríamos pensar, esto ya que al caminar sobre estos suelos vamos arrastrando y removiendo las partículas superiores del suelo, lo que en un muy muy corto plazo puede crear erosión.

Hace unos días por ejemplo, caminando por la parte alta de San Nicolás Totolapan, desafortunadamente pudimos constatar esto; hace un año habíamos caminado por ahí, pero esta vez fue triste ver como gran parte de la ladera comenzaba a mostrar graves signos de erosión.

Esto por múltiples factores, uno de ellos por la masificación de la montaña donde senderistas, corredores y ciclistas no tomamos importancia de la fragilidad de la montaña y a veces desestimamos el daño que podemos ocasionar por subir o descender avanzando entre terrenos tan frágiles como pastizales, musgos, hojarascas, etc., y por ignorancia creemos que nada va a pasar, pero el suelo se mantiene debido a la capa de vegetación que lo cubre, las hojas atenúan el impacto de la lluvia, del calor del sol y de los vientos fuertes sobre el suelo y las raíces ayudan a sostenerlo. El follaje que cae forma una capa de protección, y contribuye a la formación del humus.

Al disminuir la vegetación, disminuye el aporte de materia orgánica y la densidad de las raíces que ayudan a sujetar el suelo. Desciende la actividad de los microorganismos y el suelo pierde fertilidad. Asimismo, pierde porosidad y estructura, haciéndose más erosionable.

En resumen, cuando el suelo se empobrece y se reduce la vegetación que crece en él y ayuda a fijarlo, aumenta la erosión causada por la lluvia y el viento.

Dicen que el mejor montañista es aquel que no sube a la montaña, y en cierta forma esto pudiera tener razón, pero creo también que podemos ser más conscientes y subir a la montaña debe ser un acto no solo de egolatría o de beneficio personal, si no de convivencia con la naturaleza, conocimiento, entendimiento, cuidado, atención a la montaña, incluso saber a que montañas ya no ir cuando nuestra presencia cause más daño que beneficios.

Por ahora, solo queda decir que ¡Merecemos tabla! y ante esto no queda más que colaborar con la montaña y comenzar a sumarnos a diversas campañas de reforestación.

Por lo que pronto les avisaremos de las campañas de reforestación a las que nos estaremos uniendo por si alguien más desea unirse y mantener vivas nuestras montañas.

Fuente:
http://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2015_751.html
http://www.fao.org/3/w1309s/w1309s04.htm

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